Andrew Ng, experto en IA, sobre su regulación: "No queremos que los estilistas tengan una higiene tan deficiente que contagien a sus clientes con piojos o enfermedades"

El experto en inteligencia artificial y exresponsable de Google Brain alerta que las leyes excesivas e impulsadas por el miedo de grandes grupos de presión pueden ahogar su avance.
Teniendo en cuenta el avance desmesurado de la IA en estos años, impulsada por empresas como OpenAI o Anthropic, los gobiernos mundiales están obsesionados con poner vallas al campo con respecto a esta tecnología. Por ejemplo, la Casa Blanca de Estados Unidos acaba de lanzar una nueva orden ejecutiva para controlar los modelos de lenguaje más potentes.
Si bien esto denota interés por proteger a la población, no todo es blanco o negro y precisamente de esto es de lo que ha querido hablar Andrew Ng, uno de los nombres más importantes de este sector.
El fundador de DeepLearning.AI y uno de los mayores expertos en IA piensa que esta última decisión del gobierno estadounidense es bastante razonable, aunque ha estado muy cerca de convertirse en un desastre. Según explica el propio Ng, el texto final no ha sido tan desmesurado gracias al trabajo de asesores que han sabido frenar las presiones de los grandes lobbistas.
El problema no es esta ley en concreto, sino la tentación que tienen los políticos de regularlo todo por miedo a llegar a esos escenarios apocalípticos que a algunos les interesa que el mundo conozca (y tema).
Esto es algo con lo que Yann LeCun, uno de los padres de la IA moderna y el jefe científico de Meta, coincide. Este ha afirmado que todos esos gurús que avisan de que las máquinas van a extinguir la humanidad se comportan exactamente igual que una secta que espera el apocalipsis.
"El 'doomerismo' de la IA tiene todas las características de un culto apocalíptico: mito de la creación, omnisciencia y control para los líderes ilustrados, conocimiento prohibido accesible solo para unos pocos, salvación para el pueblo elegido y apocalipsis para todos los demás", comenta.
Y, como no podría ser de otra forma, el centro del debate y el miedo está ahora en Mythos, la IA de la empresa Anthropic. Esta herramienta ha supuesto un cambio total a la hora de buscar fallos y vulnerabilidades en el código de programación de forma automática.
A largo plazo, que una máquina encuentre errores es una gran noticia porque ayuda a los expertos a parchear los sistemas antes de que ocurra nada, pero a corto plazo puede dar pie a un gran peligro si los atacantes o ciertos gobiernos usan esa misma tecnología para descubrir debilidades y explotarlas.
Por eso, Ng ve lógico que la administración de Joe Biden pida a las grandes empresas de IA que hagan públicos sus avances en ciberseguridad (aunque de forma voluntaria).
Sin embargo, y tal y como explica el experto usando una metáfora, "desafortunadamente, siempre que existen riesgos legítimos, también existe la tentación de sobrerregular. Tomemos como ejemplo las empresas que se dedican a trenzar el cabello. Esta es una actividad muy segura, pero conlleva pequeños riesgos. Al fin y al cabo, no queremos que los estilistas tengan una higiene tan deficiente que contagien a sus clientes con piojos o enfermedades".
En pocas palabras, Ng afirma que con la IA pasa lo mismo. Sí, es verdad que hay riesgos reales (como que se use la IA para hackear sistemas), pero si el gobierno se asusta y empieza a pedir licencias, patentes y permisos burocráticos para poder programar, va a asfixiar a los desarrolladores pequeños y al software libre.
¿Por qué la regulación de la inteligencia artificial puede frenar a las empresas y al software libre?
Según el experto, muchas veces las leyes no se hacen para proteger al ciudadano, sino para beneficiar a las cuatro empresas de siempre que ya están en lo más alto del mercado.
Al pedir requisitos burocráticos enormes y responsabilidades imposibles a cualquiera que entrene un modelo de lenguaje, lo único que se consigue es que los desarrolladores independientes y los proyectos de código abierto tengan que cerrar por no poder pagar los costes. Es decir, se elimina la competencia usando la ley como una cierta excusa.
Ng se lanza a la piscina e incluso afirma que todo lo que se habla a día de hoy sobre la IA y sus posibles consecuencias irreparables es muy sucio. Esas historias apocalípticas solo sirven para justificar normas que no tienen sentido. El gran problema es que, en este caso de la ciberseguridad, el riesgo sí es real, lo que da a todas estas empresas de IA la excusa perfecta para meter miedo a los políticos y exigir leyes que pinchen la burbuja del desarrollo.
Para Ng, si un país no tiene la capacidad de entender cómo funciona la IA que intenta regular, lo mejor que puede hacer es estarse quieto. Tal y como asegura, es mejor no tener ninguna regulación antes que tener una ley mala que asfixie un sector entero.



