Una gran isla de plástico en mitad del océano se ha convertido en el hábitat natural de 46 especies de animales

Muchas de estas especies —cangrejos, hidroides y pequeños crustáceos— son originalmente costeras, y el plástico las ha desplazado miles de kilómetros de su hábitat natural.
Durante años se dio por hecho que la Gran Mancha de Basura del Pacífico Norte era, además de un símbolo de contaminación, un lugar prácticamente inhóspito para la vida marina.
Pero un estudio publicado en Nature Ecology & Evolution ha demostrado que esa idea se ha quedado corta y que el plástico flotante se ha convertido en el hábitat para decenas de especies que no deberían estar allí.
El trabajo, liderado por Linsey Haram, analizó 105 fragmentos de plástico recogidos entre 2018 y 2019 en el Giro Subtropical del Pacífico.
La enorme corriente que concentra residuos entre California y Hawái, y en el 98% de esas piezas el equipo encontró organismos vivos, pero lo relevante no fue solo la presencia de vida, sino su diversidad y su origen.
En total identificaron 484 individuos pertenecientes a 46 especies distintas, y 37 de ellas eran especies costeras, como percebes, anfípodos, anémonas o briozoos.
Todos ellos, en condiciones normales, dependen de la proximidad al litoral o de fondos sólidos y que no disponen de ninguna estrategia natural para mantenerse en mar abierto durante largos periodos.
La explicación está en las propiedades del propio plástico, que flota durante años atrapado en el giro y ofrece una superficie dura y estable, pero esa superficie no se coloniza de golpe, sino en etapas.
Primero llegan bacterias y microalgas que forman una película orgánica sobre el plástico y, una vez asentada esa base, otros organismos se adhieren, se alimentan y terminan formando pequeñas comunidades.

Pero la clave del estudio es que esas comunidades muestran señales de reproducción, con crustáceos portando huevos y anémonas generando clones, lo que indica que se trata de poblaciones capaces de mantenerse en el tiempo.
A esa combinación de especies costeras y organismos propios del océano abierto, el equipo la describe como comunidades "neopelágicas", un término que refleja que estamos ante un tipo de ecosistema que no existía antes de la expansión masiva del plástico.
No obstante, esta novedad científica no implica que estemos ante una buena noticia ambiental, sino ante una consecuencia más compleja de la contaminación marina.
Un nuevo ecosistema flotante que también es un riesgo
Cabe señalar que la Gran Mancha de Basura del Pacífico Norte abarca más de 1,6 millones de kilómetros cuadrados y acumula alrededor de 80.000 toneladas de residuos.
Pero lo que hasta ahora se había contado sobre ella se centraba en la cantidad de plástico y en el impacto directo sobre la fauna, mientras que este trabajo pone el foco en otra faceta, porque el plástico no solo se acumula, también se mueve.
Los fragmentos que sirven de plataforma a estas comunidades no permanecen siempre en la misma zona, sino que pueden desplazarse y terminar llegando a costas de Hawái, Japón o California, y con ellos viajan las especies que los colonizan, muchas originarias del Pacífico Occidental.
Ese movimiento convierte el plástico en un vehículo potencial de especies invasoras, porque organismos que antes no podían cruzar determinadas fronteras ecológicas ahora disponen de un soporte que les permite hacerlo.
El equipo de Haram subraya que las fronteras biogeográficas se están alterando en pocas décadas, y que la Gran Mancha es un escenario donde la contaminación está redibujando el mapa de la vida en el océano.

