Mario Tozzi, geólogo y divulgador científico: "La Tierra no se regenera, estamos consumiendo millones de años en unas décadas"

Geólogo Mario Tozzi
Geólogo Mario TozziGenerado con IA

La Tierra tardó millones de años en fabricar ciertos recursos y nosotros los estamos agotando en unas pocas décadas, bajo la ilusión de que "la naturaleza se regenera sola".

El consumo de recursos naturales de la Tierra suele explicarse en términos de cantidad, pero hay un factor que determina realmente el problema; se trata del tiempo.  

Muchos de los materiales que sostienen la actividad humana no se generan en años ni en siglos, sino a lo largo de millones de años. Cuando ese ritmo natural se enfrenta a un modelo de uso acelerado, aparece un desajuste que no siempre es evidente, pero que condiciona todo lo demás.

Mario Tozzi, geólogo y divulgador, lo explicó a Vanity Fair durante el Night Stories, la serie de encuentros organizada en Londres por el Festival del Libro Possibile: "Estamos consumiendo en pocas décadas lo que tardó millones de años en formarse". 

Cabe destacar que su frase no busca dramatizar, sino describir con precisión una diferencia de ritmos que tiene consecuencias directas en el ecosistema y el planeta en general.

El problema no es solo cuánto, sino a qué velocidad

Cuando se habla de recursos, es habitual centrarse en si hay más o menos disponibles, pero ese enfoque deja fuera la variable clave. El ritmo al que se utilizan esos recursos no guarda relación con el tiempo que necesitan para formarse, y ahí es donde aparece el problema real. 

Muchos de los elementos que hoy se consumen —desde fuentes de energía hasta suelos productivos— son el resultado de procesos acumulativos largos, mientras que su degradación se concentra en un periodo muy corto.

Esa diferencia significa que lo que se utiliza hoy no tiene una reposición equivalente en el mismo marco temporal, lo que cambia por completo la forma de entender la disponibilidad.

Cuando un recurso tarda millones de años en generarse, su uso en unas pocas décadas no permite hablar de renovación en sentido estricto. Puede haber sustituciones, avances tecnológicos o mejoras en eficiencia, pero no una recuperación real en términos comparables. 

Esto introduce una idea que suele pasar desapercibida, donde no todo lo que se consume puede volver en condiciones similares dentro de una escala útil. Y esto genera un aumento de temperaturas, desastres naturales y más.

El efecto no siempre es inmediato ni visible, pero sí acumulativo. Y es que a medida que se mantiene ese ritmo, el margen se reduce y la dependencia de recursos finitos se hace más evidente.

Este desajuste se aprecia especialmente en ámbitos donde los tiempos naturales son más largos. En energía, por ejemplo, se consumen reservas formadas a lo largo de millones de años en un periodo muy breve. 

En el caso de los suelos, la degradación puede producirse en pocos años, mientras que su regeneración requiere mucho más tiempo. 

En los ecosistemas, la pérdida de equilibrio aparece cuando el cambio supera la capacidad de adaptación. No son fenómenos aislados, sino manifestaciones de la misma dinámica: un uso rápido frente a una regeneración lenta.

Un problema que va más allá del clima

El planteamiento no se limita a las emisiones o al aumento de temperatura, aunque esté relacionado con ambos. Lo que señala es la relación entre el ritmo de consumo humano y el ritmo al que funciona el planeta. 

Cuando esos tiempos no coinciden, el problema deja de ser puntual y pasa a ser estructural, porque no depende de una variable concreta, sino del propio modelo de uso.

"La crisis climática es algo que hemos provocado, y quizás esta sea la verdad que nos cuesta aceptar". 

Esto introduce un límite que no se puede resolver únicamente con ajustes parciales, ya que está ligado a procesos que no pueden acelerarse de forma artificial.

Estamos utilizando en pocas décadas recursos que han tardado millones de años en formarse. Mientras ese desfase se mantenga, el problema no desaparece, porque no se trata solo de cuánto se consume, sino del tiempo en el que ocurre ese consumo.

Es por esta razón que entender esa diferencia cambia la forma de abordar la cuestión. Mientras esa diferencia se mantenga, el problema no desaparece, porque no depende solo de cuánto se consume, sino de cuándo y cómo se hace.

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