Tras 50 años de estudio descubren el momento exacto en el que el cuerpo humano alcanza su máximo de fuerza y es mucho antes de lo que se pensaba

¿Cuál es el mejor momento, físicamente hablando, de una persona? Científicos han estudiado a gente desde su adolescencia a la madurez para responderlo.
Puede que en los últimos años hayas escuchado aquello de que los cuarenta son los nuevos veinte, los sesenta los nuevos cuarenta y cosas por el estilo. Quizá desde un punto de vista social sea así, y todo se haya ralentizado, ¿pero qué dice la ciencia? Un estudio, que lleva realizándose durante casi medio siglo, ha determinado cuándo el cuerpo humano alcanza su máximo de fuerza.
En concreto, el experimento lleva en marcha la friolera de 47 años. Es decir, el tiempo suficiente para poder analizar en profundidad los cambios físicos que se producían en distintos grupos de personas desde su adolescencia hasta que ya llegaban a una madurez avanzada. Para ser exacto, el seguimiento ha ido desde los 16 años hasta los 63, con resultados curiosos.
¿Cuánto alcanza el ser humano su pico físico?
Esa es la pregunta a la que han querido dar respuesta científicos suecos, que comenzaron con este desafío nada más y nada menos que en el lejano 1974. Mucho ha llovido desde entonces.
¿Su conclusión? Los resultados indican que el máximo rendimiento físico se sitúa entre los 26 y los 36 años. En ese intervalo se alcanzan los valores más altos de capacidad aeróbica, resistencia muscular y fuerza.
Si en cambio se habla específicamente de potencia muscular -es decir, la capacidad de generar fuerza explosiva, como dicen los expertos- el pico llega bastante antes. En hombres, el punto máximo se sitúa alrededor de los 27 años, mientras que en mujeres puede alcanzarse aproximadamente a los 19 años. Desde un punto de vista biológico, no albergan dudas.
De esta forma, los científicos han terminado (se supone) con la cada vez más extendida idea de que cualquiera puede mantener su mejor forma física hasta quizá entrados los cuarenta. Los científicos aseguran que no es así, por mucho que ahora la gente en general madure más despacio en otros aspectos. Son fenómenos culturales, nada tienen que ver con lo físico.
Hay vida más allá de cumplir los cuarenta

A pesar de todo, el estudio también es optimista. Sus resultados no quieren decir que al llegar a los cuarenta uno se vuelva un guiñapo (no necesariamente). Una de las claves de la investigación dice que el descenso físico no es abrupto tras el pico. En las primeras etapas posteriores al máximo rendimiento, la pérdida anual es relativamente pequeña: entre un 0,3% y un 0,6% por año.
Esa reducción tan progresiva vendría a explicar por qué muchas personas no notan cambios significativos hasta pasados varios años, o se siguen sintiendo jóvenes aunque su partida de nacimiento no diga lo mismo. Sin embargo, a medida que avanza la edad, el ritmo de descenso se acelera y puede llegar a rondar el 2,5% anual en etapas más avanzadas, por desgracia.
