Calvin French-Owen, exingeniero de OpenAI, habla sin filtros: "Todo era caos y velocidad"

Presión, agotamiento y una sensación constante de estar en medio de una carrera que nunca tiene fin. Así se ha sentido este extrabajador de la empresa de ChatGPT.
Pese a las grandes alegrías que OpenAI y su CEO, Sam Altman, están dando al sector de la inteligencia artificial, ya son varias las voces que han hablado de cómo es la compañía desde dentro. Lo cierto es que todos estos ya extrabajadores cuentan situaciones algo peliagudas.
En pocas palabras, por dentro todo es mucho menos ordenado de lo que parece. Así lo cuenta Calvin French-Owen en un muy personal blog, uno de sus exingenieros estrella, que tras un año de auténtica locura y noches sin dormir, ha decidido hablar claro sobre el "caos y la velocidad" que reinan en la compañía de ChatGPT.
French-Owen, que antes fundó Segment y fue adquirido por Twilio por 3.200 millones de dólares, se unió a OpenAI justo cuando el boom de la IA estaba explotando.
En su reciente salida contó sin filtros cómo la empresa pasó de 1.000 a 3.000 empleados en menos de un año, con todo lo que eso implica. Habla de procesos improvisados, productos lanzados a contrarreloj y una cultura imposible de seguir.
En concreto, explica que el ritmo interno se parece más a una startup recién lanzada al mercado que a una multinacional con años de experiencia. "Todo se rompe cuando creces tan rápido: la comunicación, los reportes, cómo se lanza producto, cómo se gestiona la gente", asegura.
El resultado son equipos que duplicaban tareas sin darse cuenta y algunos proyectos desarrollaban "media docena de versiones" de las mismas herramientas, solo porque podían.
Pero cuidado, porque la improvisación llega también al código fuente y con ingenieros de Google trabajando codo a codo con doctorandos recién salidos de la universidad, el "monolito" central de Python acaba siendo "un vertedero" en palabras del propio French-Owen. Bugs, sistemas que se colgaban cada dos por tres y caídas que eran (y son) parte de la rutina.
Así se vive dentro de la locura que es trabajar en OpenAI
Además de toda esta locura por sacar productos a toda velocidad, el otro gran pilar es la paranoia mediática. French-Owen explica que se trata de una empresa obsesionada con evitar filtraciones y que vigila absolutamente todo lo que se dice en X. “Un amigo me dijo: esta compañía funciona a base de vibras de Twitter”, comenta.
La empresa, según el exingeniero, sabe que ChatGPT es uno de los productos más evaluados, controlado e investigados del mundo. Cada bug, cada error o cada polémica se convierte en titular que acapara medios de todo el mundo y cualquier usuario puede, segundos, hacer viral un fallo. Eso ha hecho, según explica, que la cultura que se vive de forma interna sea muy cerrada y secreta.
Y no solo gobiernos, medios y usuarios están atentos. También la competencia, de Google a Anthropic pasando por startups como Cursor, tampoco pierde de vista a OpenAI. La presión es máxima porque "los rivales están creciendo igual de rápido y tienen excelentes ingenieros", explica.
Pero también se dan malentendidos y uno de los grandes mitos, dice French-Owen, es pensar que OpenAI pasa de la seguridad por pura ambición. "Internamente, hay mucho más foco sobre riesgos prácticos (odio, abuso, manipulación política, ciberseguridad…) que sobre los grandes apocalipsis de ciencia ficción que tanto gustan fuera".
Esto, curiosamente, es algo que choca directamente con las palabras de otro exempleado de esta compañía. William Saunders, que trabajó durante tres años en el equipo de superalineación de OpenAI, siendo unos de los responsables de su popular ChatGPT, y que renunció a su puesto hace un año, comenta que lo hizo porque se estaba llevando a cabo una gestión irresponsable de los riesgos relacionados con la IA por parte de la empresa.
El ingeniero comparó su antiguo trabajo con quienes construyeron el Titanic en su día. Al igual que sucedió con el famoso trasatlántico, la empresa tiene un exceso de confianza en sus medidas de seguridad y una falta de preparación para posibles catástrofes.
Yendo más a fondo con el tema, cree que dentro de tres años se podrían ya sufrir las consecuencias de lo que, a su forma de ver las cosas, supone una forma de actuar irresponsable. Desde luego, nada que ver esta visión con la que tienen otros antiguos empleados.
En lo que todos ellos coinciden es en que toda esta velocidad y presión tiene efectos y el talento que llega de empresas como Google, Meta o incluso de nuevas startups, encuentra un ambiente donde el aprendizaje es continuo, pero el agotamiento también y eso ciertamente pasa factura.
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Carolina González
Redactora
Carolina González, redactora de actualidad, reportajes a fondo, análisis de todo tipo de productos y vídeos para el canal de Youtube.


