John D. Rockefeller, primer multimillonario de la historia moderna: "No temas renunciar a lo bueno para ir por lo excelente"

Quedarte en una situación cómoda, pero mediocre, puede ser el mayor obstáculo para lograr algo realmente extraordinario en tu vida. Salir de ahí cuanto antes marcará la diferencia.
Lo más difícil no es abandonar lo que no funciona; lo complicado es soltar algo que ya va bien, que da resultados, que ofrece seguridad, para perseguir algo que todavía no existe, pero que podría ser mucho mejor.
Esta situación es exactamente lo que John D. Rockefeller describió cuando dijo que no hay que temer renunciar a lo bueno para ir por lo excelente.
La frase la escribió desde la experiencia de quien había tomado ese tipo de decisiones en repetidas ocasiones y había visto sus consecuencias. Era un método que aplicó durante décadas con una consistencia que transformó la historia económica de Estados Unidos.
Quiere decir que la conformidad con lo bueno se justifica con facilidad, por eso es más difícil de combatir que el fracaso. Y por eso Rockefeller la señaló como el obstáculo que hay que aprender a reconocer.
No obstante, para entender el peso real de esa frase, hay que entender primero quién era el hombre que la escribió y qué construyó a lo largo de su vida.
¿Qué significa realmente renunciar a lo bueno?
Se trata de una invitación a la insatisfacción permanente, en una justificación para abandonar proyectos, relaciones o posiciones en cuanto aparece algo que luce más atractivo.
Según el multimillonario, renunciar a lo malo es sencillo porque hay un impulso natural que empuja hacia ello, pero requiere algo mucho más difícil, que es reconocer que aquello que ya funciona puede estar ocupando el espacio que necesita algo mejor.
Ese es el salto que la mayoría de las personas no dan, y no porque no quieran, sino porque lo que ya tienen es suficientemente bueno como para que el riesgo no parezca necesario. Rockefeller aplicó esta lógica en el momento más determinante de su carrera.
A principios de la década de 1870, cuando ya era uno de los refinadores más sólidos de Cleveland con una posición cómoda, tomó la decisión de ejecutar una expansión que iba mucho más allá de lo que cualquier análisis conservador habría recomendado.
La operación que siguió, conocida como el Gran Reinicio, consistió en negociar en secreto con los ferrocarriles descuentos exclusivos sobre las tarifas de transporte que sus competidores no podían obtener.
Con esa ventaja estructural, su petrolera Standard Oil fue absorbiendo refinerías en todo el país a un ritmo que sus rivales no podían sostener. Actuó porque identificó qué era lo excelente y calculó con frialdad el coste de ir a por ello.
Esa misma lógica la aplicó también en su dimensión personal. Siendo ya el hombre más rico del mundo, decidió retirarse de la gestión de la compañía a los cincuenta y siete años para dedicar el resto de su vida a la filantropía con la misma sistemática con la que había construido su fortuna.
Al final, renunció al control de lo que había construido para concentrarse en lo que consideraba una empresa de mayor alcance.
La frase del multimillonario implica reconocer el valor de lo que se tiene, evaluar con honestidad si existe algo mejor y tener la entereza de soltar lo primero aunque nadie te obligue a hacerlo.
John D. Rockefeller lo hizo de forma sistemática a lo largo de toda su vida, y dejó escrito el dilema que enfrenta cualquier persona que alguna vez ha tenido que elegir entre quedarse donde está y dar un paso hacia lo desconocido.

