Experto en ciberseguridad confiesa lo que más nos duele en una estafa: "Es reconocer que eres un idiota"

Caer en una estafa no solo afecta el bolsillo; también golpea nuestra autoestima. Según expertos, muchos ni siquiera llegan a denunciar por culpa de la vergüenza que sienten.
Desde mensajes SMS sobre pedidos que tú nunca han hecho hasta cargos bancarios falsos o multas de tráfico fraudulentas, los estafadores siempre consiguen ingeniárselas para que caigas. Sus tácticas son cada vez mayores y más sofisticadas.
Pero cuidado, porque detrás del daño económico, hay algo más profundo: el impacto emocional que genera caer en una estafa.
Carlos Quílez, periodista y experto en criminología, lo explica de esta forma para El Periódico: “El ser estafado es reconocer que se es un idiota”. En una entrevista, Quílez comenta haber sido víctima de estafas en varias ocasiones, mencionando cómo la vergüenza y el miedo a admitirlo hacen casi imposible que muchas personas denuncien estos delitos.
Según él, este sentimiento de culpa es lo que lleva a que muchas estafas queden impunes. Quílez utiliza el término "delito negro" para describir aquellos crímenes que nunca se reportan y precisamente el tema de las estafas amorosas se hacen con todo el protagonismo.
¿Por qué las personas caen "como churros" en las estafas románticas? ¿Por qué ese miedo a confesar?
¿Quiénes son las víctimas de estas estafas? La realidad es que cualquiera puede serlo. Desde el más inexperto en busca de su primer amor hasta una persona de avanzada edad que busca compañía, los estafadores no discriminan y cualquiera es un buen objetivo.
Entonces, ¿cómo es posible que la gente siga cayendo en estas trampas? En pocas palabras, el amor, o más bien la ausencia de él, deja a las personas en una situación de K.O. Selena Larson, de Proofpoint, lo explica perfectamente.
"Estos ciberdelincuentes son muy buenos en ingeniería social, es decir, en hackear el cerebro de las personas para que se sientan de una determinada manera y tomen decisiones imprudentes", comenta.
Las señales están ahí: perfiles demasiado perfectos, historias elaboradas sobre por qué no pueden encontrarse en persona, y por supuesto, acaban pidiendo dinero o que inviertas en algo en concreto. Pero cuando alguien se enamora, al final todo esto queda aparcado en un segundo lugar, opacado por otras tantas cosas.
Yendo a la parte más psicológica, este tipo de estafa se basa, en cierta parte, en el efecto Halo, un sesgo cognitivo que se produce cuando se forma una impresión general sobre una persona y, a partir de esa impresión, se infieren otras características de la misma. Por ejemplo, si ves a una persona atractiva, se tiende a pensar que también es inteligente, amable y honesta.
En pocas palabras, este efecto hace que las víctimas sean más propensas a creer las historias de los estafadores y a confiar en ellos. Esto se debe a que, debido a su aspecto físico y a la información que han dado, las víctimas asocian a los estafadores con una serie de cualidades positivas.
Y aquí viene, de nuevo, la parte más triste de todo esto: muchas víctimas ni siquiera denuncian. La vergüenza de haber caído en la trampa es tan grande que prefieren sufrir en silencio. Según el Ministerio del Interior de España, la cibercriminalidad aumentó un 21,5% en 2023, pero las cifras reales de estafas románticas probablemente sean mucho más altas.
Son pocos los que son conscientes de lo peligroso que es ir publicando cualquier dato privado en Internet
Yéndonos a casos concretos, una especialista en ciberseguridad lanzó en La Sexta una gran advertencia sobre el valor real de tu información personal. En pocas palabras, los ciberdelincuentes están al acecho, y tus datos son su tesoro más preciado.
Selva Orejón, experta en ciberseguridad, comenta lo siguiente: "Los datos que tenemos públicos en internet son más que suficientes para los criminales". Desde luego, esto pone los pelos de punta, especialmente cuando, si te paras a pensar un momento, hay una gran cantidad de información que se comparte a diario en redes sociales y otras webs.
Luis Fernández Durán, periodista, describe el modus operandi de estos estafadores: "De madrugada, se iluminaba tu móvil y empezaba a funcionar sin que tú te dieras cuenta".
Rubén Reguero, oficial de la Unidad Central de Ciberdelincuencia de la Policía Nacional, advierte: "Cuando controlan nuestro terminal telefónico, controlan prácticamente todos los aspectos de nuestra vida". Es como si los delincuentes tuvieran una llave maestra para acceder a nuestra vida digital y, por ende, a nuestra vida real.
En concreto, el phishing se ha convertido en el arma favorita de los ciberdelincuentes. Este término, que suena algo raro, no está tan lejos de ese significado de "pesca". Los estafadores "pescan" los datos personales con anzuelos digitales y ya incluso recurren a los "peces gordos" de todo tipo de empresas.
La situación es tan grave que los expertos continúan con la lucha, lanzando todo tipo de advertencias, con la idea de que sean escuchadas y todo el mundo sea conocedor de lo que realmente ocurre a su alrededor. "Nunca, nunca, bajo ningún concepto, sigas un link que te llega por SMS", aconseja. "Tenemos que entender que los datos personales tienen un valor del que a día de hoy no tenemos consciencia".



