El aire que respiramos tiene fecha de caducidad: un estudio predice su final

Un estudio afirma que la atmósfera oxigenada desaparecerá a largo plazo por el aumento del brillo solar y la pérdida de CO₂, lo que llevaría nuestro planeta a condiciones similares a las de sus primeros días.
Que sepamos, la Tierra es el único planeta habitable, y gran parte de ello se debe al oxígeno, que compone aproximadamente una quinta parte de su atmósfera.
Este elemento es fundamental para los seres vivos, aunque no es el más abundante del aire: el 78 % corresponde al nitrógeno.
Lo alarmante del asunto es que la presencia de oxígeno no está garantizada a largo plazo.
Un estudio señala que el aire que respiramos podría acabar desapareciendo dentro de aproximadamente 1.000 millones de años. Aunque es un horizonte muy lejano, nos recuerda que nuestra atmósfera tiene fecha de caducidad.
Los investigadores de la Universidad de Toho y del Instituto de Tecnología de Georgia han llegado a esta conclusión tras crear un modelo capaz de reproducir miles de futuros atmosféricos posibles.
Después de ejecutar casi 400.000 simulaciones, identificaron un escenario común: la atmósfera oxigenada que sustenta la vida actual terminará colapsando.
El origen de este problema, sorprendentemente, no está en la propia Tierra, sino en el Sol.
Aunque todavía le quedan entre 4.000 y 5.000 millones de años de vida, su evolución afectará mucho antes a los planetas que lo rodean.
En alrededor de 1.000 millones de años, su brillo habrá aumentado cerca de un 10 %, y ese exceso de energía bastará para elevar la radiación y las temperaturas superficiales de la Tierra.
El calentamiento desencadenará una reacción en cadena: temperaturas más altas provocarán la descomposición del dióxido de carbono.
Sin CO₂, las plantas no podrán realizar la fotosíntesis y, por tanto, el oxígeno dejará de renovarse.
A esto se sumaría el impacto del cambio climático, que ya estaría reduciendo la eficiencia fotosintética de los árboles por fenómenos meteorológicos extremos.
El resultado sería que el oxígeno atmosférico podría caer hasta niveles millones de veces más bajos que los actuales.
Esto no es nuevo. Cuando nuestro planeta era muy joven, durante sus primeros 2.000 millones de años, la atmósfera estaba dominada por metano, dióxido de carbono y vapor de agua, con apenas trazas de oxígeno.
En aquel entorno surgieron microorganismos anaerobios capaces de vivir sin respirar, alimentándose de minerales presentes en los océanos primitivos.
No fue hasta la aparición de las cianobacterias cuando el oxígeno empezó a acumularse en la atmósfera.
Si dentro de 1.000 millones de años se repite el proceso inverso, la Tierra podría volver a una composición similar a la de aquella época remota… pero sin seres humanos.