Así podría verse la Tierra dentro de 250 millones de años con España en un lugar nuevo y sorprendente

El movimiento de las placas tectónicas dará lugar a un nuevo supercontinente con calor extremo, donde solo un país europeo podría seguir siendo habitable para los humanos.
Dentro de unos 250 millones de años, la distribución actual de los continentes será muy distinta a como lo conocemos en la actualidad, y es algo completamente normal.
De acuerdo con los modelos geológicos, indican que las placas tectónicas seguirán desplazándose hasta formar un nuevo supercontinente conocido como Pangea Ultima.
Cabe destacar que estas proyecciones se apoyan en simulaciones desarrolladas por investigadores como Christopher Scotese a través del PALEOMAP Project.
Utilizan datos sobre el movimiento histórico de las placas, tasas de expansión oceánica, así como zonas de subducción para estimar cómo evolucionará el planeta a muy largo plazo.
Un nuevo supercontinente
La Tierra ya ha pasado por ciclos similares. Hace más de 200 millones de años existía Pangea, que posteriormente se fragmentó y dio lugar a la configuración actual de continentes.
Desde ese punto el proceso no se ha detenido, puesto que las placas continúan moviéndose unos centímetros cada año.
En el escenario más extendido, el océano Atlántico terminaría cerrándose a medida que su corteza oceánica se hunda bajo los continentes.
África seguiría desplazándose hacia el norte hasta colisionar con Europa, lo que implicaría el cierre definitivo del mar Mediterráneo. En su lugar surgirían nuevas cadenas montañosas.
Al final, el resultado sería una gran masa continental rodeada por un gigantesco océano con mucha más agua de la que hoy conocemos.
¿Qué ocurriría con España?
Hoy España se sitúa en el extremo suroccidental de Europa, con salida al Atlántico y al Mediterráneo. En los modelos de Pangea Ultima esa posición cambiaría de forma notable.
El cierre del Atlántico convertiría la actual costa occidental en una zona interior del supercontinente. La colisión entre África y Europa afectaría directamente al sur del continente europeo, generando una región montañosa extensa en la que la península ibérica quedaría integrada.
La ubicación exacta depende de la evolución de las placas, pero en la mayoría de simulaciones España dejará de ser un territorio costero para formar parte de un bloque continental más compacto.
Por otro lado, la reorganización continental tendría efectos sobre el clima. Dentro de 250 millones de años el Sol será ligeramente más luminoso que ahora, un proceso natural en la evolución estelar.
A eso se sumaría la actividad volcánica asociada a las colisiones tectónicas, que liberaría grandes cantidades de dióxido de carbono.
Los modelos climáticos proyectan temperaturas elevadas en amplias zonas del interior del supercontinente, con valores que podrían superar los 40 grados de forma habitual.
Además, la lejanía del mar reduciría la influencia moderadora de los océanos, lo que favorecería condiciones más secas, mientras que las áreas situadas en latitudes más altas mantendrían temperaturas relativamente más suaves.
Qué aportan estas simulaciones
El mapa exacto puede variar, ya que las placas pueden cambiar su velocidad o dirección con el tiempo. Sin embargo, los principios físicos que rigen estos modelos son sólidos: movimiento de placas, formación de cordilleras, evolución solar y ciclo del carbono.
Estos estudios permiten analizar cómo la distribución de continentes influye en el clima global. También ayudan a comprender procesos que ya han ocurrido en el pasado geológico.
La posición actual de España, como la del resto del planeta, es temporal a escala de millones de años. No cabe duda de que la tectónica seguirá redefiniendo el mapa mucho después de nuestra época.

