Científicos ya hablan del "efecto GPS", o cómo el uso de mapas digitales afecta directamente al cerebro

Depender demasiado de la tecnología puede estar volviendo a la gente más perezosa, también desde un punto de vista cognitivo. Los expertos advierten sobre ello.
Los tiempos cambian y, a decir verdad, hoy por hoy casi nadie usa un mapa en papel como los de toda la vida. Más bien estos han sido sustituidos por populares aplicaciones como Google Maps, Apple Maps o Waze, las cuales se han ido introduciendo, como quien no quiere la cosa, en el día a día de la gente. Donde antes había una guía o un callejero, ahora hay una pantalla.
Desde un punto de vista práctico, existen pocos inconvenientes al respecto. Estas herramientas son cómodas, rápidas y razonablemente fiables. Además, uno siempre las lleva encima. Sin embargo, una nueva investigación piensa que no todo son buenas noticias, y habla incluso de un "efecto GPS" que, según ellos, puede tener sus efectos en el propio cerebro. Efectos que no son positivos.
El "efecto GPS" de Google Maps
El auge tecnológico tiene un impacto en la gente. No solo en sus costumbres cotidianas, que también, sino incluso a la hora de pensar. No solo por las habituales advertencias que hablan de los inconvenientes de las redes sociales tienen en los jóvenes, o cómo la IA amenaza con volver más estúpidos a quienes abusan de ella. Herramientas como Google Maps o Apple Maps también tienen consecuencias.
Eso al menos, es lo que dicen los científicos. Según dicen estos y recogen medios internacionales especializados, existe un fenómeno que han denominado "efecto GPS". En realidad, no es otra cosa que consultar estas herramientas de mapas digitales para ir a cualquier parte, por así decirlo. De alguna forma, lo que indican es que la gente está "externalizando la memoria".
Pongamos un ejemplo. Antes para acodarse de dónde estaba algo, la gente ejercitaba, entre otras cosas, la memoria. Sin ir más lejos recordando cosas de su entorno para orientarse. Ahora eso es innecesario: el móvil hace ese trabajo. Lo que explican los científicos es que algo tan aparentemente inofensivo también puede terminar por afectar a la forma de pensar y de recordar.
La lógica argumenta que antes al consultar un mapa o explorar un entorno se estaba obligando al cerebro a trabajar. El uso intensivo del GPS hace que este se vuelva más perezoso. Pero no se trata de solamente una cuestión de intuición, sino que los especialistas lo expresan de una manera muy precisa: fundándose en principios científicos.
Lo que dice la ciencia al respecto
Según la neurociencia, hay áreas del cerebro, como el hipocampo, que están directamente implicadas en la orientación espacial y la memoria de lugares. Esta región se activa especialmente cuando una persona navega activamente por un entorno, toma decisiones de ruta o recuerda caminos. Si esta práctica se sustituye por el GPS, las habilidades cognitivas de atrofian.
Esto, dicen los expertos, puede derivar en problemas como mayor dificultad para familiarizarse con el entorno, complicaciones para recordar sin ayuda de un teléfono móvil o incluso una dependencia cada vez mayor de Google Maps, Apple Maps y ese tipo de aplicaciones. Y todo lo que suponga ser menos independiente, por la razón que sea, a la larga resta más que suma.