Fabrican una batería de células óseas con un rendimiento asombroso

Batería creada con células óseas
Batería creada con células óseasGenerada con IA

¿Una batería inspirada en tus huesos? Investigadores reinventan el invento de Edison para lograr cargas récord y una vida útil de décadas. La tecnología de 1901 renace hoy.

Los huesos no solo sostienen el cuerpo, también esconden una arquitectura natural sorprendentemente eficiente. Y esto ha sido aprovechado por un grupo de investigadores que utilizó el mismo principio estructural para diseñar una batería resistente y duradera.  

El resultado es un prototipo inspirado en el tejido óseo que busca mejorar la estabilidad de los sistemas de almacenamiento energético. De hecho, el estudio que describe este avance se publicó en la revista Small.

Cabe señalar que la idea parte de una observación sencilla, en la cual la estructura interna de los huesos combina zonas densas con otras más porosas. 

Esa organización permite que el material sea ligero, pero al mismo tiempo capaz de soportar tensiones durante años sin fracturarse. Los científicos han trasladado ese mismo concepto al interior de una batería para reducir su degradación con el uso.

La nueva batería que se basa en una tecnología de hace más de un siglo

Aunque el diseño estructural es nuevo, la base tecnológica no lo es, puesto que el sistema se apoya en una química de batería conocida desde hace más de cien años como son las baterías de níquel-hierro.

Este tipo de batería fue desarrollado por Thomas Edison alrededor de 1901 con el objetivo de crear un sistema recargable más robusto que las baterías de plomo utilizadas en aquella época. 

El funcionamiento es relativamente sencillo desde el punto de vista electroquímico. Y es que utiliza electrodos de níquel y hierro sumergidos en un electrolito alcalino, donde se produce una reacción reversible durante la carga y la descarga.

Estas baterías nunca destacaron por su densidad energética, pero sí por algo mucho más raro en el mundo del almacenamiento eléctrico, que es una durabilidad extraordinaria. 

Pueden soportar miles de ciclos de carga con una degradación mínima. Por ese motivo todavía se emplean en algunos sistemas industriales o instalaciones de almacenamiento estacionario.

Con el tiempo quedaron relegadas por otras tecnologías más compactas y eficientes, como las baterías de plomo-ácido, las de níquel-cadmio o las actuales de iones de litio, que ofrecen mayor capacidad en menos espacio.

Batería nuclear de Reino Unido
Batería nuclear de Reino UnidoGenerado con IA

Qué han hecho exactamente los científicos

El nuevo estudio no cambia la química básica de la batería. La innovación se encuentra en otro punto, que es la estructura interna del electrodo.

Los investigadores analizaron cómo se organiza el tejido óseo. A diferencia de un material sólido uniforme, el hueso presenta una estructura jerárquica multicapa. 

Combina zonas compactas con otras más porosas que distribuyen las tensiones mecánicas. A partir de ese modelo natural diseñaron un material que reproduce una arquitectura similar dentro del electrodo de la batería. 

Esta organización aporta varias ventajas desde el punto de vista electroquímico. Primero, mejora el flujo de iones a través del material. 

Segundo, aumenta la superficie activa donde se producen las reacciones químicas y tercero, reduce el deterioro estructural que suele aparecer tras muchos ciclos de carga.

Al final, el resultado es un electrodo más estable, capaz de mantener su rendimiento durante un número elevado de ciclos de uso.

Por qué copiar la estructura de los huesos mejora una batería

Es importante mencionar que las baterías sufren un problema común, y es que con el paso del tiempo sus materiales internos se degradan. 

Durante cada ciclo de carga y descarga, los electrodos experimentan pequeñas expansiones y contracciones. Ese proceso repetido puede generar microfracturas en el material, y cuando eso ocurre, la batería pierde capacidad.

La estructura inspirada en los huesos ayuda a reducir ese problema, donde las zonas porosas permiten absorber parte de las tensiones internas, mientras que las regiones más compactas mantienen la resistencia mecánica del conjunto.

Biomimesis: cuando la ingeniería copia soluciones de la naturaleza

Este tipo de diseño pertenece a un campo conocido como biomimesis. La idea es estudiar cómo resuelve la naturaleza determinados problemas y aplicar esos principios en ingeniería.

Los huesos, por ejemplo, ofrecen una combinación de ligereza y resistencia difícil de igualar con materiales tradicionales. Lo mismo ocurre con otras estructuras naturales como las conchas marinas o ciertos tejidos vegetales.

Ante esto, los investigadores utilizan esos modelos biológicos para desarrollar nuevos materiales, estructuras o sistemas energéticos más eficientes.

El estudio demuestra que una tecnología del siglo XX todavía puede evolucionar. Las baterías de níquel-hierro nunca desaparecieron del todo, pero su diseño llevaba décadas sin cambios significativos.

Al combinar esa química clásica con una arquitectura inspirada en el tejido óseo, los científicos han encontrado una forma de mejorar su estabilidad y su vida útil.

El resultado no es una batería completamente nueva, es algo quizá más interesante: una tecnología centenaria reinterpretada con ingeniería moderna. 

Y en un momento en el que el almacenamiento energético se ha convertido en una pieza clave de la transición energética, esa combinación podría volver a tener protagonismo.

Más información sobre: