Neurocientíficos españoles descubren por qué hay gente a la que no le gusta escuchar música

Seguro que conoces a alguien a quien la música no le transmite nada, quizá seas tú, y nunca has entendido por qué, pero los expertos ya tienen una explicación. Algo pasa en el cerebro.
La mayoría de los seres humanos disfrutan escuchando música, en mayor o menor medida. Pero hay gente que no. O, más concretamente, no les dice nada. Como quien escucha el ruido del tráfico. Hasta ahora no sabíamos por qué, pero un equipo de neurocientíficos liderados por el español Josep Marco Pallarés, cree haber descubierto por qué hay gente a la que no le gusta la música.
Pallarés, investigador de la Universidad de Barcelona, lleva una década estudiando a las personas que no sienten nada cuando escuchan música. Incluso ha puesto un nombre a su condición: Anhedonia musical específica, la incapacidad de disfrutar de la música.
Ya ha descubierto el porqué: estas personas no poseen las conexiones cerebrales que generan placer al escuchar un tema musical, o son diferentes a las de la mayoría. Ahora está intentando averiguar si es un proceso reversible.
Cuando la música no genera dopamina
Existen muchas actividades que nos producen placer, en diferentes niveles según cada persona: comer, hacer deporte, leer, socializar, el sexo, ver películas, jugar a videojuegos o la música, entre otras muchas cosas.
En todas ellas el mecanismo cerebral es el mismo. El cerebro recibe un estímulo a través de los sentidos: la vista, el oído, el gusto, etc. o incluso varios a vez. Entonces se activa un mecanismo de recompensa en forma de liberación de dopamina, que genera placer o sensación de bienestar.
Las personas que no disfrutan de la música, o bien no reciben el estímulo, o su sistema de recompensas no funciona, o no lo hace la conexión entre ambos.
La ausencia de estímulo queda descartada, si no eres sordo. Por tanto, el cerebro de estas personas recibe el estímulo de la música, a través del oído. Su sistema de recompensas también está bien, porque sienten placer por otras cosas. Entonces, ¿por qué no con la música? Aquí es donde la ciencia comienza a trabajar.
Según cuenta Ars Technica, el neurocientífico Josep Marco Pallarés preparó un cuestionario para determinar el nivel de melomanía de una persona: desde no sentirse atraído, hasta seguir el ritmo golpeando con los dedos de mesa, simular que estás tocando un instrumento imaginario, o bailar.
Seleccionó 15 personas con una puntuación muy baja, que no sienten nada. Otras 15 con una alta musicalidad, y otras 15 en el rango medio.
Todas ellas fueron sometidas a un escáner cerebral de resonancia magnética mientras escuchaban diferentes tipos de música. Después repitieron el escáner con un sencillo juego de apuestas en el que, si acertaban cuál de dos números era el ganador (una especie de cara o cruz), obtenían una pequeña recompensa monetaria.
Anhedonia musical específica: cuando la música no proporciona placer
Los científicos ya saben desde hace tiempo las zonas del cerebro que se activan cuando funciona el sistema de recompensas.
Los sujetos que sufrían Anhedonia musical específica las activaban al apostar, pero no con la música. En los melómanos estas recompensas se activaban con más fuerza con la música que con las apuestas. En los del rango medio, era similar en ambos casos.
"Basándonos en esos experimentos de resonancia magnética funcional, pudimos determinar si se trataba de la conexión entre dos circuitos diferentes —el responsable de la percepción y el responsable de la recompensa— en lugar del funcionamiento de esos circuitos en sí mismos", explica Pallarés.
El estudio ha determinado que se trata de la conexión entre ambos, y ocurre específicamente por la música. Por eso ahora están centrados en dos tareas. Determinar si esta conexión diferente es una condición genética, y si se puede revertir.
Ya han determinado que al menos el 50% de la Anhedonia musical específica es de origen genético, pero si hay una parte que no lo es, quizá se podría influir o corregir para que estas personas puedan disfrutar, aunque sea mínimamente, de la música. Es un placer que nadie debería perderse, si es posible.
