Scott Travers, biólogo: "Los bebés humanos nacen indefensos porque la evolución tuvo que hacer un gran sacrificio"

Bebé recién nacido
Bebé recién nacidoFreepik

La ciencia analiza por qué esta vulnerabilidad extrema podría ser un precio evolutivo imprescindible, un equilibrio biológico que favoreció el éxito adaptativo de nuestra especie.

No hay duda de que somos la especie más vulnerable al nacer y, al mismo tiempo, la más inteligente del planeta. Se trata de una contradicción que lleva décadas siendo estudiada por la biología evolutiva, y la respuesta no tiene un único culpable.  

El experto biólogo Scott Travers explica que hay al menos tres factores que actúan a la vez, y cada uno explica una parte del porqué de esta situación.

Y es que esta vulnerabilidad no responde a un error de adaptación, sino a una compleja solución de ingeniería evolutiva diseñada para permitir el desarrollo de un cerebro desproporcionadamente grande.

El dilema que lleva décadas sobre la mesa

La teoría clásica se conoce como el dilema obstétrico y lleva siendo referencia desde que un artículo de 1995 en Evolutionary Anthropology la formuló con claridad. 

El argumento es que caminar erguidos remodeló la pelvis humana, estrechando el canal de parto. Al mismo tiempo, el cerebro humano creció de forma extraordinaria a lo largo de la evolución, lo que significa cabezas fetales más grandes. 

Cabe señalar que el resultado es un ajuste muy justo entre ambas estructuras. Los números lo ilustran bien, porque un bebé humano nace con apenas el 25-30% del volumen cerebral adulto, frente al 40% de un chimpancé recién nacido. 

Dicho de otra forma, los humanos nacemos en un estado neurológico más inmaduro que nuestros parientes más cercanos. Si la gestación fuera más larga y el cerebro llegara más desarrollado al parto, la cabeza simplemente no podría pasar por la pelvis materna. 

Se trata de un límite que nadie había calculado

Durante décadas, esa explicación anatómica pareció suficiente. Pero en 2012, un estudio publicado en PNAS introdujo una segunda restricción que cambia el enfoque: el embarazo también tiene un límite metabólico. 

Al final de la gestación, el cuerpo de la madre consume aproximadamente el doble de su tasa energética basal para sostener al feto. 

Cuando ese umbral se alcanza, el organismo no puede mantener el embarazo más tiempo, independientemente de las dimensiones pélvicas. Es un sistema completo, como la anatomía, metabolismo y desarrollo cerebral actuando a la vez. 

Un estudio de 2015 publicado en PLOS One añadió otro matiz importante, donde una pelvis más ancha no reduce de forma significativa la eficiencia al caminar, lo que debilita la idea de que la restricción anatómica sea el factor determinante. 

Por qué nacer indefenso es una ventaja

Cabe mencionar que nacer antes de alcanzar la madurez neurológica no es solo un coste que la evolución aceptó, sino que también es una estrategia. 

El cerebro humano continúa creciendo de forma explosiva durante el primer año de vida fuera del útero, en contacto con un entorno social que moldea sus circuitos en períodos críticos del desarrollo. 

Eso no ocurre de la misma manera en otros mamíferos, cuyo desarrollo cerebral principal sucede dentro del útero, por lo que esta dependencia prolongada también tiene consecuencias sociales. 

Como desarrolla el libro Mothers and Others, los bebés humanos son tan vulnerables que raramente los cría una sola persona. 

Padres, abuelos y otros miembros del grupo comparten esa carga de forma cooperativa, algo que parece haber impulsado la evolución de los vínculos sociales y la transmisión cultural entre generaciones.

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