La loca historia del vuelo más largo: más de dos meses sin aterrizar

Howard W. Cannon / Aviation Museum

En 1958, dos pilotos llevaron a cabo una hazaña aún no superada: el vuelo tripulado más largo de la historia. 240.000 Kilómetros en dos meses. Lo más curioso de todo es cómo lo consiguieron.

El avión Cessna 172 es un biplaza que, como mínimo, debe repostar dos veces al día. Los pilotos Robert Timm y John Cook se las apañaron para mantenerlo en el aire, sin aterrizar, durante 64 días, 22 horas y 19 minutos. Es el vuelo tripulado más largo de la historia.

La aventura se inició como una campaña publicitaria. Robert Timm y John Cook querían batir el anterior récord, establecido en 50 días, y el hotel Hacienda de Las Vegas les pagaría 1.000 dólares por cada día de vuelo, y 10.000 dólares adicionales si batían el récord. Era una cantidad considerable para la época.

Pasar dos meses dentro de un avión sin aterrizar ya es un hito en sí mismo, pero lo increíble es cómo lo consiguieron. Nada de utilizar un avión especializado. Emplearon una avioneta Cessna 172 que debía repostar cada 12 horas, y tenía una cabina diminuta.

Así fue el vuelo más largo de la historia

La cabina del Cessna 172, el avión más fabricado de la historia, solo mide 1,2 x 0,9 x 1,8 metros. En ese diminuto espacio, los dos pilotos pasaron más de dos meses.

Se turnaban cada cuatro horas para pilotar el avión, y se distraían leyendo libros, haciendo pasatiempos, escribiendo un diario, y jugando a las cartas. También escuchaban la radio.

Lo más complicado era repostar. Su plan de vuelo era dar vueltas por el desierto de Nevada, cerca de Las Vegas. Allí había una carretera sin uso con una larga recta, en donde circulaba un camión a 130 Km/h:

El Cessna 172 es un biplaza sencillo, pero muy fiable, por eso es el más usado en los entrenamientos de pilotos. Descendían a solo seis metros del suelo, y tiraban una manguera hacia el camión, con la que repostaban. Además del depósito de 178 litros del avión, habían instalado un depósito adicional de 360 litros. Con eso aguantaban unas 12 horas.

En los más de dos meses de vuelo repostaron 128 veces, un total de 45.000 litros. Llegaron a recorrer 240.000 Kilómetros, más de la mitad de la distancia a la Luna.

Con la comida y otros utensilios como libros, revistas, o cartas de sus familiares, usaban el mismo procedimiento: lanzaban una cuerda al camión y ataban un cubo cerrado, en donde estaban los víveres.

Lo más incómodo de todo era hacer sus necesidades. El Cessna 172 es tan pequeño que no tiene retrete, así que lo hacían, literalmente, en cubos, cajas o bolsas que tiraban por la ventana. Volaban sobre desierto deshabitado, así que no había peligro de alcanzar a una persona...

Otra dificultad adicional es que el Cessna 172 no es un avión preparado para volar de forma continua, durante tanto tiempo.

Cada  pocos días tenían que cambiarle el aceite. Habían ideado un sistema para poder cambiarlo sin tener que parar el motor. En el siguiente vídeo puedes ver un documental contando su hazaña:

También se estropeaba bujías a menudo, llevaban una buena reserva. Y se enfrentaron a varias pequeñas averías.

Con su sistema podían volar eternamente, pero la resistencia humana tiene un límite. Curiosamente, el vuelo duró más de la cuenta porque, cuando decidieron aterrizar, fuertes tormentas lo retrasaron varios días.

Despegaron el 4 de diciembre de 1958, y aterrizaron el 7 de febrero de 1959. Más de dos meses volando en un espacio de apenas dos metros. Es el vuelo tripulado más largo de la historia, que aún no ha sido superado.

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