¿Se puede beber agua que ha estado en un coche durante unos días?

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Un clásico del verano, comprar una botella de agua, la dejas a medias en el coche y días después aparece la sed: ¿es seguro beber el agua de una botella de plástico que ha estado dentro del vehículo durante unos días? Los expertos en salud lo tienen claro.
Dejar una botella de agua de plástico en el posavasos o en la puerta del coche durante días es una costumbre muy habitual. Sin embargo, cuando el vehículo se expone al sol y las temperaturas interiores se disparan, el recipiente se transforma en un entorno ideal para la degradación del plástico y el cultivo de microorganismos.
Diversos investigadores en neurociencia, geoquímica y epidemiología ambiental advierten de que, aunque no siempre provocará una enfermedad inmediata, beber este agua no es una práctica recomendable.
El riesgo más inmediato no proviene únicamente de la propia botella, sino de la propia saliva. Al beber directamente de la botella, bacterias de la boca, las manos y el aire se introducen en el agua.
El interior de un coche cerrado, sobre todo ahora en verano, puede alcanza temperaturas extremas. Este calor acelerado permite que los microorganismos se multipliquen en cuestión de horas.
Estudios microbiológicos demuestran que, tras dar un solo sorbo, bacterias como Staphylococcus aureus (causante habitual de intoxicaciones alimentarias), levaduras y mohos pueden proliferar de forma masiva en un plazo de 24 a 48 horas cuando se expone una botella de agua a temperaturas muy altas
Botellas de plástico, un agravante peligroso

Las botellas de agua desechables suelen fabricarse con tereftalato de polietileno (PET) que cuando se somete al calor extremo y a la radiación ultravioleta (UV) que atraviesa los cristales del coche, sufre un deterioro acelerado.
El calor favorece la migración al agua de aditivos químicos como ftalatos o bisfenoles (BPA), sustancias que pueden interferir con el sistema hormonal del organismo.
La radiación ultravioleta degrada los polímeros del plástico, fragmentándolos en partículas microscópicas. Múltiples análisis demuestran que más del 90 % del agua embotellada en plástico ya contiene microplásticos de origen, por lo que la exposición prolongada al calor y al sol dentro del coche acelera aún más esta fragmentación.
Aunque los efectos exactos a largo plazo sobre la salud continúan en investigación, diversos estudios han detectado la acumulación persistente de estas micropartículas en tejidos de órganos clave como los riñones, el hígado y el cerebro.
Para minimizar el consumo de sustancias químicas y evitar infecciones bacterianas, los expertos sugieren que si una botella parcialmente consumida ha permanecido horas dentro de un coche caliente, es preferible desecharla de inmediato.
Se recomienda el uso de botellas reutilizables de acero inoxidable o vidrio como alternativa a los plásticos, ya que aunque las botellas de polipropileno o plásticos rígidos resisten mejor el desgaste que el PET de las botellas de agua del supermercado, con el tiempo y el calor continuado también acaban también degradándose.

