Hasta 13.000 juegos y diseño noventero: esta consola retro está arrasando

Lo retro vuelve con fuerza, pero esta vez en formato bolsillo: la TRIMUI Brick Hammer mezcla estética noventera, Linux y emulación para (casi) cualquier rato muerto.
Esta consola da esa sensación de “máquina de antes” sin renunciar a lo cómodo de ahora. La TRIMUI Brick Hammer apuesta por un diseño compacto, colores con personalidad (negro, blanco, rojo o púrpura) y una interfaz sencilla (Treko UI) para que no pierdas tiempo trasteando: enciendes, eliges sistema y juegas. Además, el formato y el tamaño de la pantalla (3,2 pulgadas) invitan a usarla en el sofá, en el tren o en una pausa rápida, sin cargar con un ladrillo de los grandes.
En cuanto a potencia, monta un Allwinner A133P a 1,8 GHz con GPU PowerVR GE8300 y 1 GB de RAM LPDDR3. Esto encaja muy bien con lo que buscas en una retro portátil. La idea es tener variedad, cambiar de plataforma en un par de toques y engancharte sin complicaciones, sobre todo si vienes con ganas de nostalgia noventera.
La versión de 256GB con una biblioteca de hasta 13.000 juegos aparece a 126€, y es justo la que más llama la atención por lo “lista para jugar” que llega. Ni en 5 reencarnaciones podrías jugar tanto, y menos a ese precio tan atractivo.
Si prefieres gastar menos, hay configuraciones de distintas capacidades desde 85€, lo que abre la puerta a elegir según tu idea de uso. ¿Quieres algo más básico para 8 y 16 bits y algún arcade? Te puede bastar una opción más barata. ¿Te apetece tocar PSP, algo de N64 o trastear con más sistemas? Entonces conviene priorizar almacenamiento y, sobre todo, una buena microSD (admite hasta 1 TB) para tenerlo todo ordenado.
La pantalla es otro de sus puntos fuertes, IPS de 3,2 pulgadas, 1024 × 768 y totalmente laminada. Esto se nota en nitidez, contraste y en que los textos de menús y carátulas se ven más finos de lo habitual en este rango. Además, al ser un panel con buena densidad, muchos juegos clásicos lucen especialmente bien, con esa mezcla de píxel limpio y colores vivos que hace que te entren ganas de ir saltando de consola en consola.
En conectividad viene bastante completa para su tamaño, Wi-Fi 802.11 b/g/n y Bluetooth (2.1 + EDR / 4.2), además de doble USB-C. El puerto superior puede funcionar como host/OTG para accesorios, y el inferior queda para carga. También tienes jack de 3,5 mm y altavoces estéreo integrados (1 W x2) para salir del paso sin auriculares. Para sesiones casuales, cumple y, con cascos, gana mucho.
Los controles están pensados para ir más allá de la cruceta, ofreciendo doble joystick, vibración y luces RGB en los sticks, más una tecla FN personalizable. Esto es importante si alternas plataformas, porque no se siente limitada a lo arcade clásico; puedes mapear y ajustar más a tu gusto.
Como el sistema es Linux, la comunidad suele aportar ideas y ajustes con el tiempo, así que es el tipo de consola que puede mejorar según te apetezca afinarla. Ya sabes, vas a tener tu consola siempre a tu gusto y por un precio que es ridículo.
Gracias a su batería de 3000 mAh y una autonomía aproximada de 5 horas, encaja con el uso real de una retro portátil, partidas en ratos sueltos, viajes y fines de semana. Si buscas una consola que te dispare la nostalgia con un catálogo enorme, pantalla resultona y un sistema flexible, la TRIMUI Brick Hammer tiene ese punto de “me la llevo y ya está”.
