Los 'gadgets veraniegos' salen caros: así generan residuos, según los expertos

Dispositivos como ventiladores portátiles o cargadores se compran con la misma facilidad con la que se tiran, y eso puede ser un problema con el tiempo. 

En muchos sentidos, en el verano se consume más. Cabe pensar que por las vacaciones, el tiempo libre o los viajes. Esto es algo que afecta a la comida o la moda, pero también a los gadgets. De hecho, muchos aparatos se emplean casi exclusivamente en época estival, y lo que es aún más significativo: en ocasiones solo durante unos cuantos meses después de su adquisición. 

Esto, en sí mismo, no debería ser un problema. Pero la realidad que se esconde detrás es más compleja, tal y como han puesto de manifiesto algunos expertos. Muchos dispositivos electrónicos tienen una vida útil corta, y además son baratos, pero eso no quita para que sus componentes resultan sumamente contaminantes, y no se reciclan de la manera en la que sería recomendable.

Los dispositivos veraniegos que preocupan a los expertos

Por regla general, cuando uno compra cualquier tipo de gadget, ya sea un teléfono móvil, una cámara de fotos, un GPS o lo que sea, es para que dure. Al menos, unos años. Se puede debatir acerca de lo apresurado del mercado, de la baja calidad de algunos lanzamientos o lo que se quiera, pero al menos la idea original es esa. ¿Siempre? Si se piensa en profundidad, lo cierto es que no. 

Y es ahí donde entra el verano. Según un reciente trabajo del que se hace eco The Guardian, existen muchos dispositivos electrónicos que se compran y se desechan casi exclusivamente en verano. En un importante número de casos, durante un único verano. Por ejemplo, es lo que sucedería con ventiladores portátiles, cepillos eléctricos, cargadores, etcétera. 

Habitualmente, son aparatos que hasta pueden adquirirse con un viaje en mente, y que después terminan en la basura una vez este concluye. Además, son cacharros baratos, que no acostumbran a costar más de unos pocos euros (o libras, el artículo es de origen británico). La cuestión es que al tener poco valor, la gente tiene menos reparos todavía en tirarlos a la basura a las primeras de cambio. 

Según el trabajo del que habla el periódico, solo en Reino Unido se registró la compra de más de 1.140 millones de estos dispositivos, y aproximadamente un 52 % fueron desechados ese mismo año. Para ponerlo en contexto, esto equivaldría a unos 19 gadgets 'baratos' por segundo. Aunque no hay datos concretos, todo parece sugerir que sucede lo mismo en muchos otros países. 

El problema detrás de la llamada "fast tech"

El principal inconveniente de estos dispositivos es precisamente ese: se consideran prácticamente desechables, y se tiran de cualquier manera, cuando en realidad no debería de ser así. Es verdad que pueden tener un bajo precio, pero eso no quita para que cuenten con baterías y metales que no deberían ir a la basura sin más. En muchos casos, incluso tienen materiales tóxicos. 

La consecuencia de todo esto está clara: los residuos electrónicos crecen a un ritmo mayor que casi cualquier otra cosa en el mundo. Y su impacto en el medio ambiente es prácticamente incalculable. Por un lado, preocupa la contaminación, pero también alerta la enésima demostración de una sociedad para la que todo parece ser demasiado inmediato; de usar y tirar, vaya. 

Otros artículos interesantes:

Más información sobre: