Geoffrey Hinton, uno de los creadores de la IA, sobre ChatGPT y Gemini: "Ya saben miles de veces más que nosotros"

Computer Hoy/Montaje
Noticia

Uno de los padres de la inteligencia artificial moderna, vuelve a encender las alarmas. El ritmo de crecimiento de la IA está superando la capacidad humana para controlarla.

Geoffrey Hinton, conocido mundialmente como uno de los creadores de la inteligencia artificial y considerado por muchos como el "padrino de la IA", vuelve a la carga con sus malos augurios.

Ampliamente conocido por no tener demasiadas buenas palabras para esta tecnología y lo que a la humanidad le espera con sus avances, esta vez ha dejado claro que los modelos actuales de IA ya han superado de largo a los seres humanos en volumen de conocimiento y en velocidad de aprendizaje.

Todas estas palabras formaron parte del evento IA: La promesa y el peligro, que reunió a investigadores y políticos preocupados por el impacto de esta tecnología en la sociedad. 

Durante la charla, mencionó directamente a modelos como ChatGPT-5, Gemini 2.5 y Claude 3.5, señalando que representan una nueva generación de sistemas capaces de aprender a una escala imposible para cualquier cerebro humano. 

Un aprendizaje ilimitado frente a un cerebro humano con fecha de caducidad y límite de capacidad

"Tenemos muy poca experiencia y una enorme cantidad de conexiones; ellos tienen una enorme cantidad de experiencia y no tantas conexiones como nosotros, pero a pesar de tener menos conexiones ya saben miles de veces más que nosotros", comenta.

Según el experto, mientras un ser humano necesita décadas para formarse y procesa información de forma limitada, los modelos de IA pueden leer y aprender de billones de palabras, absorber datos sin descanso y actualizarse continuamente. En pocas palabras, no tienen límites biológicos ni envejecen. Ese es el gran problema.

Para ponerlo en contexto, Hinton recordó que el cerebro humano dispone de unos 100 billones de conexiones neuronales, frente al 1% de esa cifra en los modelos actuales de IA. 

Sin embargo, la diferencia en capacidad de aprendizaje ya está inclinando la balanza hacia el lado de las máquinas. Mientras una persona solo puede aprender lo que vive, lee o estudia, la IA es capaz de consumir todo el conocimiento que esté digitalizado en cuestión de horas.

Esto es algo que ya ha conseguido calar entre algunos expertos, analistas y figuras relevantes del sector. De ahí que hace unas semanas se volviese a poner sobre la mesa esa carta abierta solicitando una pausa global en el desarrollo de la IA más avanzada. El mensaje es claro y el ritmo actual es demasiado arriesgado.

OpenAI, Google, xAI... en el punto de mira de Geoffrey Hinton

Todos estos mensajes de Hinton no se quedan solo en lo que la IA es capaz de hacer. También apuntan a que muchas compañías están cruzando líneas éticas para acelerar sus modelos y conseguir estar en lo más alto de esta carrera. 

Para él no todo vale y esa presión por llegar antes a la meta está llevando a que tecnologías como ChatGPT o Gemini se entrenen con cantidades masivas de datos sin transparencia total sobre su origen.

Según explica el experto, el problema no es solo la falta de control técnico, sino la falta de control social, económico y político. Si bien reconoce que la IA puede ser una herramienta increíble para la ciencia, la medicina y la educación, también puede convertirse en una vía para manipular, dirigir como si de un régimen autoritario se tratase y desinformar.

Advierte que este poder, en manos de gobiernos autoritarios o grandes corporaciones sin escrúpulos, puede dar pie a un nuevo tipo de fascismo. No el fascismo clásico de los uniformes y las marchas, sino uno mucho más sofisticado: el del control invisible, la vigilancia constante y la anulación de la disidencia a golpe de algoritmo.

Una ilusión por la IA que ha desaparecido por completo

Hinton reconoce que él mismo fue un entusiasta en los primeros años. Sin embargo, ahora, con casi 78 años y una vida entera dedicada a estudiar redes neuronales, teme haber ayudado a construir algo que puede terminar volviéndose en contra de quienes lo crearon. "Podemos estar acercándonos a un punto donde ya no tengamos capacidad para supervisar lo que hacen estos sistemas", comenta.

Por último, también quiso dejar bastante claro que "la IA no es una copia del cerebro humano", sino algo distinto, con aspectos únicos que la hacen crecer sin parar. Es por eso que en sus últimos años de vida su objetivo es claro y pide tiempo para que la humanidad y los expertos puedan realmente entender cómo funciona la IA.