Sam Altman reconoce que ChatGPT lo cambiará todo: "La gente debería replantearse su propósito en la vida"

El fundador de OpenAI ha reincidido en que la inteligencia artificial no solo traerá desafíos técnicos para la humanidad, sino también de carácter filosófico.
Al referirse a ChatGPT, a sus oportunidades, Sam Altman suele ser una persona optimista. Nunca pone en duda las ventajas que, al menos a su juicio, tiene la inteligencia artificial. Suele argumentar que esta evitará que la gente se vea obligada a trabajar, a acudir al médico (a uno humano, al menos) e incluso considera que cualquiera podrá ser un genio.
No obstante, hay ocasiones que, de forma premeditada o no, quién sabe, alguna sombra tiende a colarse dentro de su resplandeciente discurso. Y lo cierto es que tiene cierta lógica. Entre sus muchísimas declaraciones recientes, Altman ha lanzado una pregunta al aire que no es ni mucho menos baladí. ¿Cuál será el propósito en la vida de la gente en un mundo dominado por la IA?
ChatGPT y Sam Altman, ¿un mundo sin propósitos?
Los expertos no se ponen de acuerdo con respecto a ChatGPT ni el paso real que la IA tendrá en el día a día de la gente. Pero si Sam Altman tiene razón (lo cual aún está por ver) y la inteligencia artificial lo transforma todo, no será solamente una cuestión de incertidumbre laboral o cambios de costumbres. El problema, según él mismo admite, será más filosófico que profesional.
El fundador de OpenAI lo ha expresado así, tal y como recogen medios internacionales. Si más pronto que tarde los seres humanos dejan de ser la fuerza productiva predominante, como asegura Sam Altman, no quedará más remedio que "encontrar nuevos motivos para levantarse por la mañana". Puede parecer algo sencillo, pero es muy probable que no lo sea.
La mayoría de los psicólogos y filósofos coinciden: el trabajo dignifica. Sí, incluso con indiferencia de la labor que cada persona desempeñe. Además, tiende a ser positivo para el equilibrio mental de buena parte de la sociedad. ¿Estaría el mundo realmente preparado para una sociedad ociosa? ¿Hasta qué punto un mundo con millones de personas sin nada que hacer sería viable?
La respuesta de Sam Altman a esta situación pasa por lo que él considera algo así como un nuevo humanismo. Es decir, que los seres humanos tendrán que buscar resultar útiles haciendo todo aquello que las máquinas son incapaces de poner en práctica. O lo que es lo mismo: amar, intuir, meditar, etcétera. Pero tampoco está claro cuándo, en teoría, los robots podrían empezar a simularlo también.
De una visión utópica a un infierno en la Tierra
Sam Altman tiene claro que el mundo no está del todo preparado para el futuro de ChatGPT. En su opinión, la gente se está formando en escuelas y universidades para tareas que en poco tiempo quedarán obsoletas. Es un desafío al que la sociedad deberá enfrentarse. Todo, siempre y cuando, él tenga razón y la IA termina por lograr un impacto que marque un antes y un después, claro.
Lo que no alberga discusión es que, esté en lo cierto o no el fundador de OpenAI, la tecnología avanza, y cada vez será más importante pararse a reflexionar sobre ella. El El problema es que, al menos por ahora, ni siquiera los expertos parecen ponerse de acuerdo a la hora de responder a la pregunta fundamental: ¿será beneficiosa la IA o un problema grave? Quizá, como suele suceder, ambas cosas.