Bill Gates tenía un sorprendente dispositivo en su casa con el que también se adelantó treinta años a todos

Bill Gates, el multimillonario fundador de Microsoft, nunca ha tenido reparos a la hora de reconocer cuáles han sido sus mayores excentricidades tecnológicas dentro de su vivienda. 

Hay veces que Bill Gates, el mediático fundador de Microsoft, se muestra a sí mismo como una persona bastante normal. Habla de cómo educa a su familia, de donar su ingente fortuna a tal o cual causa filantrópica o recomienda novelas populares. Sin embargo, en la práctica hay muchas cosas en las que se distingue del común de los mortales. Por ejemplo, en su mansión. 

La mayoría de la gente no suele poder aspirar a vivir en una casa valorada en más de cien millones de dólares y con veinticuatro cuartos de baño. Pero lo más curioso de su vivienda no son los lujos o las gigantescas dimensiones que tiene. Ya en los años 90, Gates instaló un dispositivo que por entonces parecía poco menos que ciencia ficción. Pero ya era real. 

La sorprendente casa de Bill Gates

Hoy en día la domótica es bastante popular. Casi cualquier cosa puede tener la coletilla de "inteligente", desde los enchufes a las mirillas, pasando por persianas, alarmas, luces… Además, cualquiera puede manejar estas supuestas comodidades solo con su teléfono móvil. En los años 90, en cambio, no era tan habitual. Pero Bill Gates ya llevaba años de ventaja a los demás. 

Bautizada como Xanadú 2.0, la mansión de Bill Gates se convirtió en un símbolo de lo que podía ser una casa inteligente décadas antes de que ese término se popularizara. "Mi casa está hecha de madera, vidrio, hormigón y piedra", dijo Bill en su libro de 1995, The Road Ahead. "Está construida en una ladera, y la mayor parte mira al oeste, sobre el lago Washington, hacia Seattle".

Pero si algo llamaba la atención ya hace décadas no eran sus estupendas vistas o el parecer casi un barrio en lugar de una casa. Una vez más, era la tecnología. Al fin y al cabo, fue gracias a ella por lo que Gates consiguió su fortuna. En concreto, destacaba algo parecido a un pequeño pin electrónico que todas las visitas recibían nada más cruzar la puerta.

Dicho pin servía para personalizar la experiencia de cada persona dentro de la casa, adaptando la iluminación, la temperatura, la música e incluso lo que se mostraba en las pantallas electrónicas repartidas por todas partes. Es decir, era un sistema de domótica individualizado, pero treinta años antes de que dispositivos como Alexa, Google Home o la domótica inteligente se hicieran comunes.

Los lujos de Xanadú, la mansión de Bill Gates

Por supuesto, este pin no era la única innovación que escondía Xanadu 2.0. La casa también fue célebre por contar con pantallas electrónicas en las paredes, capaces de mostrar arte digital o fotografías que podían cambiarse en segundos. Hoy en día eso lo puede tener cualquiera en su casa o en su oficina, pero en su momento parecía casi magia. 

Además, Bill Gates también tenía una piscina con sistema de música subacuática, o una biblioteca privada con el Códice Leicester de Leonardo da Vinci. Original, claro, faltaría más. El empresario lo adquirió por 30 millones de dólares en 1994. Vamos, lo que viene siendo calderilla. 

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