Jordi Segués, experto en negocios: "Si tu hijo saca un 10 en matemáticas, ponle clases de refuerzo"

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Proteger área de genialidadJordi Segués - TikTok

Según Segués, intentar que todos los niños sean buenos en todo produce adultos mediocres, mientras que fomentar el talento natural genera personas brillantes en lo que aman.

"Si tu hijo saca un 10 en matemáticas y un 3 en historia, no le pongas clases de historia. Ponle un profesor de matemáticas". Con esta frase, Jordi Segués ha reabierto un viejo debate sobre cómo educamos a los niños y qué entendemos realmente por inteligencia. 

Su mensaje es incómodo para muchos padres, pero pone el dedo en la llaga, donde la mayoría potenciamos lo que falta, en lugar de fortalecer lo que sobra. 

En lugar de reforzar lo que el alumno no domina, Segués propone invertir tiempo y recursos en aquello en lo que ya brilla. Según él, la obsesión por equilibrar las notas acaba apagando la motivación y diluyendo el talento natural

Lo que empezó siendo un intento de corregir debilidades termina convirtiendo a los niños en adultos que destacan en nada y se conforman con todo. Es por esta razón que su planteamiento va más allá de la educación. 

Defiende un cambio de mentalidad que sustituya la uniformidad por la excelencia. Apostar por los puntos fuertes, dice, no solo mejora el rendimiento académico, sino que ayuda a formar personas con propósito, seguridad y dominio en su área de talento.

El error de buscar hijos "equilibrados"

Durante décadas, el sistema educativo ha premiado la regularidad por encima del talento. Un alumno que sobresale en ciencias y flojea en lengua suele recibir clases de refuerzo para compensar, no para avanzar. 

Pero para el experto en negocios, este enfoque es un error estructural debido a que automáticamente convertimos la genialidad en conformismo, y eso puede pasar factura en el futuro. 

Las escuelas quieren que los niños sean buenos en todo, sin entender que el verdadero progreso aparece cuando se profundiza en lo que apasiona o se deja espacio para la curiosidad natural. 

Es importante mencionar que un sistema que penaliza la diferencia, pero también glorifica la media produce precisamente eso, mediocridad.

Potenciar lo que ya funciona

El razonamiento es sencillo: si un niño obtiene un 10 en matemáticas sin ayuda, ahí hay una señal. Tiene capacidad, interés y probablemente disfrute resolviendo problemas. Si recibe refuerzo en esa misma materia, su potencial se dispara. 

En cambio, obligarle a mejorar historia, una asignatura que le aburre, solo genera frustración y rechazo hacia el aprendizaje. 

Segués sostiene que la excelencia se construye sobre la pasión, no sobre la obligación. Lo que se aprende con entusiasmo se consolida; lo que se estudia por cumplir se olvida. 

Por eso, insiste, los padres deberían actuar como descubridores de fortalezas, no como correctores de carencias. Pero la clave no está en nivelar el terreno, sino en potenciar los picos de cada persona

El mensaje de Jordi Segués no se limita al aula, sino que cuestiona un modelo educativo que mide el conocimiento pero no desarrolla habilidades, mientras el mercado laboral premia justo lo contrario. 

Las empresas buscan perfiles capaces de dominar un área con profundidad: ingenieros, diseñadores, programadores, analistas de datos o creativos. Muchos de ellos fueron niños con notas irregulares, pero con una obsesión que les definió. 

Apostar por las fortalezas no implica despreciar el resto, sino entender que la excelencia surge cuando concentras tu energía en lo que haces mejor. Ser bueno en algo concreto vale más que ser mediocre en todo.

Aprender por interés, no por obligación

Segués no propone abandonar asignaturas ni fomentar el desinterés, sino respetar los ritmos y pasiones de cada niño. "Si no disfruta de la historia, ya buscará en Google lo que le interese cuando sea mayor", afirma. 

Su enfoque no es antieducativo, sino práctico, donde el aprendizaje real solo ocurre cuando existe curiosidad. Forzar a un niño a estudiar materias que no le generan conexión solo consigue asociar el estudio con aburrimiento. 

Es por esta razón que potenciar lo que ama, en cambio, convierte el aprendizaje en motivación. La educación, dice el experto, debería inspirar, no uniformar. 

El mensaje final es disruptivo, porque educar no es corregir, es descubrir. La obsesión por las notas perfectas ha creado generaciones de alumnos correctos que temen fallar más de lo que desean aprender. 

Para Segués, el reto no está en fabricar estudiantes equilibrados, sino en formar personas excepcionales. El talento no se iguala, se impulsa, porque el futuro pertenece a quienes profundizan en lo que aman, no a quienes aprueban en todo sin destacar en nada.

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