El gusano Morris, un malware que infectó sin querer hasta el 10% de Internet

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Este gusano lleva el apellido de su responsable que, por un supuesto fallo de programación, acabó afectando a numerosas instituciones, entre ellas el MIT y la NASA.
"Actualmente estamos bajo ataque". Fue el mensaje que anunciaba el inicio de uno de los peores desastres del Internet originario, en la red ARPANET que utilizaba el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
Aproximadamente sobre las ocho y media de la tarde del 2 de noviembre de 1988, un programa malicioso se había colado en la red y llegó a infectar a alrededor de 6.000 ordenadores del total de 60.000 que conformaban la red en aquel entonces.
Los ordenadores afectados no solo fueron los del MIT, sino que el responsable de observar el inicio de este supuesto ataque era un estudiante que pertenecía a la Universidad de Berkeley, en California (Estados Unidos), donde sus máquinas comenzaban a detenerse.
Cuando descubrieron lo que había ocurrido, los investigadores se dieron cuenta de que un gusano había afectado a muchísimos centros educativos y universidades de referencia, como las ya mencionadas, y el FBI llegó a pensar que se estaba produciendo una incursión a gran escala en sus sistemas.
Los 6.000 ordenadores afectados en aquel entonces utilizaban una versión específica derivada del sistema operativo Unix, aunque se amplió rápidamente aprovechando puertas traseras en el sistema de correo electrónico primitivo de aquella época.
Además, afectó a otro programa que permitía identificar individualmente a todos los usuarios conectados a la red. El FBI continuó la investigación, a la par que el gusano se extendía aún más y afectaba a más y más servicios. Curiosamente, ningún agente externo había atacado la red, sino que había sido un experimento.
El experimento inofensivo que acabó investigando el FBI
El gusano, al que más adelante se acabó apodando el gusano Morris, no fue uno de los peores, pero podía recorrer todos los servicios de aquel Internet original, por lo que llegó a afectar a prestigiosas organizaciones, como la Universidad de Harvard, la de Princeton, Stanford, Johns Hopkins, a la NASA y al Laboratorio Nacional Lawrence Livermore.
El FBI comenzó a investigar, ya que a pesar de que no había destruido archivos, sí había logrado ralentizar toda la red, el cliente de correo electrónico e implicó una investigación conjunta para saber cómo acabar con el gusano Morris.
La institución estimó las pérdidas en un principio en aproximadamente unos 100.000 dólares que, tras unos días, alcanzó millones de dólares en daños; algunas instituciones limpiaron sus sistemas, mientras que otras optaron por desconectar sus máquinas durante una semana entera, con lo que esto implicó.
Tras intentar solucionar aquel desastre, un programador escribió a 2 amigos para explicarles que había sido él el responsable, que había lanzado aquel gusano, pero había perdido totalmente el control de la situación. Y, como era lógico, no sabía qué hacer.
Este joven programador de 23 años, Robert Tappan Morris –de ahí el nombre posterior con el que se bautizó al gusano–, pertenecía a la Universidad de Cornell, y le pidió a uno de sus amigos que enviara un mensaje anónimo en Internet pidiendo perdón por todo lo sucedido.
En dicho mensaje, el programador pedía disculpas por haber causado tantos daños; irónicamente, muchas de las instituciones no recibieron el mensaje por culpa de estar infectados con el gusano Morris. Así que, paralelamente, su otro amigo realizó una llamada anónima a The New York Times.
Según contó este al medio, todo formaba parte de un experimento inofensivo y el resultado de la propagación había sido un error de programación; este también se refirió a él por sus iniciales, RTM, lo que llevó a los periodistas de The Times a dar con el nombre completo del causante.
A pesar de que Morris no lo había hecho de forma malintencionada, sí había vulnerado las leyes federales, ya que había comenzado pirateando un ordenador del MIT, gracias a los conocimientos que había adquirido con los conocimientos de su padre, que trabajaba en Bell Labs.
Morris era un experto en Unix, un estudiante con muy buenas calificaciones y, además, también era bastante bromista. Había desarrollado en secreto un programa que podía extenderse lentamente por Internet y había logrado cubrir todos sus rastros.
El FBI comenzó rápidamente una investigación más exhaustiva y entrevistó a Morris y a sus amigos, lo que dio lugar a numerosas pruebas que lo incriminaban; el resultado fue una investigación federal por incumplir la Ley de Fraude y Abuso Informático aprobada por el Congreso en 1986, 2 años antes del incidente ocurrido.
Esta prohibía el acceso no autorizado a ordenadores protegidos, como el que pirateó del MIT, por lo que acabó convirtiéndose en la primera persona de todo el mundo en ser condenada por este tipo de actos.
A pesar de ello, pudo evitar la cárcel y recibió a cambio una multa de 10.050 dólares, la libertad condicional durante 3 años y tuvo que realizar hasta 400 horas de servicios sociales. En cualquier caso, el gusano Morris se hizo muy popular en un país que jamás había vivido una situación así.
Más adelante, Morris siguió de forma normal con su carrera en informática y comenzó su carrera como investigador, incluso dando clases en el MIT, además de desarrollar diferentes proyectos para compañías privadas.
De cualquier forma, el gusano Morris dio lugar a nuevas modalidades de ataques durante el inicio de Internet, pero también al inicio del equipo de respuesta, el Computer Emergency Response Team (CERT), para coordinar las respuestas a vulnerabilidades y ataques de este tipo.
En aquel entonces, el 10% de los ordenadores conectados ya suponían una superficie de ataque increíble; en la actualidad, con el aumento de los dispositivos conectados, se hace más que evidente que aquel inicio de Morris fue casi imprescindible para aprender sobre los errores de seguridad.
Y, gracias a aquel ejemplo tan temprano, el sistema pudo desarrollar sus defensas, provocando un aumento de los equipos de seguridad, algo que ni siquiera preocupaba al principio, al ser una red más cerrada que prácticamente utilizaban centros y universidades.
