Biólogo evolutivo resuelve el gran misterio: ¿por qué los humanos tenemos cejas y para qué sirven?

El Dr. Paul O’Higgins de la Universidad de York explica para qué sirven las cejas y por qué siguen siendo útiles a pesar de ser subestimadas como parte de la evolución humana.
¿Alguna vez te has preguntado porque tienes cinco dedos y no cuatro o seis? Cuando surge está duda, todo lleva al proceso de la evolución humana. Hay claras evidencias de evolución en tu cuerpo que puedes apreciar a simple vista y una de ellas son tus cejas.
Así como el tono de los ojos influye en la capacidad de lectura de una persona, los pelos que se posicionan arriba de los párpados han brindado una función importante a lo largo de los cambios en nuestra especie, como proteger los ojos del sudor y las partículas.
Si bien todavía cumplen con ese trabajo, la verdadera pregunta es: ¿actualmente sirven para algo más? Ahora parece que no tiene tanto sentido, pues hay personas que se las tatúan o se las acomodan como parte de un maquillaje. Pasan desapercibidas hasta que ya no están ahí.
Cuando eso sucede, te das cuenta de que tienen un papel más allá de su función clásica. Con tan solo imaginar un rostro sin cejas, puedes hacerte una idea, y es justo lo que explica el Dr. Paul O’Higgin en un informe de biología evolutiva que determina lo cruciales que son para los seres humanos.
¿Cómo evolucionaron las cejas humanas y por qué cambiaron su propósito original?

¿Tus cejas están ahí y ya? Al igual que sucede con los registros de animales, cada parte del cuerpo humano también tiene una función específica, desde los huesos, hasta los pequeños detalles como las cejas.
Las recientes investigaciones de la gestión han obtenido evidencia fósil, anatomía comparada y otros experimentos relacionados con la evolución, que indican que en esta parte del rostro ha habido una transformación profunda que va más allá del funcionamiento principal que se conoce.
Es decir, dejando a un lado que sirve para proteger los ojos de partículas o líquidos, hay algo más allá de eso. Para poder entenderlo de una manera sencilla, es necesario empezar por preguntarse cómo ha cambiado el rostro humano a lo largo del tiempo, y esto parte desde la especie Homo heidelbergensis y los neandertales.
Los primeros homínidos tenían una estructura facial caracterizada por una cresta superciliar prominente y una protuberancia ósea sobre los ojos que servía como protección más notable debido al entorno en el que vivían y el tipo de supervivencia que seguían.
Estas "defensas naturales" para los ojos comienzan a reducirse exponencialmente hasta los Homo sapiens, donde el rasgo deja de ser tan exagerado y pasa a ser retraída la zona media del rostro. La cresta ósea mencionada baja considerablemente y la parte de la cara que está más expuesta es la parte superior.
Según un estudio publicado en Nature Ecology & Evolution (2019), estos cambios coordinados fueron clave para que las cejas se vuelvan más flexibles y visibles, lo cual no es únicamente estético.
El informe del biólogo evolutivo Paul O’Higgins de la Universidad de York, indica que esta desaparición de los puntos del rostro, especialmente en la parte que está sobre los ojos, ha permitido que las cejas se conviertan en una herramienta para la comunicación social, otra de las necesidades del ser humano.
Junto con investigadores como Eiluned Pearce y Katie L. York, han determinado que el rol principal que siempre ha sido definido para este rasgo con respecto al sudor y las partículas, pasa a ser secundario.
En la actualidad, las cejas de los humanos modernos son "pasivas y dinámicas", funcionando como parte de las expresiones e identidad. Los especialistas afirman que es un desarrollo que se ha dado en conjunto con características como el blanco visible del ojo, que facilita seguir las miradas, y otro detalle del rostro que se ha vuelto más expresivo.
El verdadero “superpoder” de las cejas es la identidad

En sí, las cejas forman parte del cambio hacia el rostro diseñado para comunicar y su secreto evolutivo también explica cómo te identifican los demás. Como parte de la comunicación, es algo que se ha vuelto fundamental para el reconocimiento de la cara.
Las modificaciones evolutivas explicadas por el experto apuntan a que se han convertido en un punto crucial para las señales sociales debido a que el desarrollo ha permitido expresiones esenciales para la interacción.
Por ejemplo, levantar la ceja para saludar, se fruncen cuando hay dudas o bajan drásticamente cuando te enojas. De hecho, el estudio publicado en la revista Perception (2003) confirma que eliminar las cejas afecta más la identificación de una persona que eliminar los propios ojos, según se comparte en Sage Journals.
La forma, grosor, curvatura y posición ayudan al cerebro a registrar o reconocer el rostro de alguien porque las toma como unas de las referencias principales. Sin ellas, sería mucho más complicado reconocerte o interactuar estratégicamente con otras personas.

