Científicos se temen lo peor: uno de los volcanes más temibles del mundo empieza a dar signos de actividad, 44 años después

Aunque los expertos piden prudencia, la actividad de este volcán gigante en México se ha visto aumentada. En 1982 dejó 1.900 víctimas después de una temible erupción.
Un gigante dormido podría despertar. Esto es lo que se temen los científicos que han puesto su atención en uno de los volcanes más temibles del mundo, cuyo pasado ya ha demostrado con creces lo terriblemente devastador que puede resultar. No es otro que el volcán El Chichón, situado en el estado mexicano de Chiapas, y que lleva 44 años inactivo.
Los investigadores han detectado lo que han identificado como cambios activos dentro del volcán. ¿Quiere decir esto que se prepare para una erupción inminente? Según los especialistas en la materia, no necesariamente. Sin embargo, los fenómenos recientes han hecho saltar todas las alarmas y han abierto un debate inquietante: ¿qué sucedería si realmente despertara?
Uno de los volcanes más temibles del mundo

El Chichón, en Chiapas, México, es uno de los volcanes más temibles del mundo. Esto es algo que su trágica historia pone de manifiesto. Como recuerdan en The Sun, es necesario remontarse a 1982 para conocer bien los antecedentes. Fue entonces cuando una serie de explosiones volcánicas hicieron estremecerse toda la región y dejaron una sobrecogedora cantidad de víctimas: 1.900, nada menos.
En aquel momento la brutal erupción lanzó enormes cantidades de ceniza y gases a la atmósfera, afectando no solo a México, sino también al clima global durante meses, lo cual da una aproximación a su capacidad destructiva. Desde entonces, el volcán había permanecido relativamente tranquilo, aunque los científicos no le han quitado en ningún momento el ojo de encima.
¿Cuál es la situación actual de El Chichón?
Han pasado 44 años de una de las mayores catástrofes ocurridas en América Latina durante el siglo XX. Ahora, un equipo de especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha identificado señales que indican un incremento en la actividad superficial del volcán. Entre ellas, aumentos de temperatura en el cráter, mayores emisiones de gases volcánicos y la aparición de nuevas acumulaciones de azufre en la zona.
A primera vista, estos fenómenos podrían parecer normales en un sistema volcánico activo. Sin embargo, El Chichón no es un volcán cualquiera. Se trata de un estratovolcán con antecedentes de erupciones explosivas de gran magnitud, capaces de generar columnas de ceniza que alcanzan decenas de kilómetros de altura. Ese historial es el que provoca que cada alteración, por leve que sea, se analice con extrema cautela.
Los científicos han subrayado que, por el momento, no existen indicios claros de ascenso de magma hacia la superficie. Las mediciones sísmicas no muestran patrones compatibles con una inyección magmática importante, y los cambios detectados podrían estar relacionados con procesos hidrotermales internos. En otras palabras, el sistema de aguas calientes y gases bajo el cráter podría estar reorganizándose.
¿Por qué entonces tanto miedo? Pues, principalmente, porque en 1982, recuerdan los científicos, las señales no se interpretaron correctamente. Hoy en día hay equipos y técnicas capaces de prever mejor las cosas, pero incluso así, se pide cautela. Sin ir más lejos, se ha restringido el acceso al cráter del volcán, y su monitoreo constante ha cobrado una mayor intensidad.
