Descubren un secreto oculto durante 23 millones de años enterrado bajo el hielo de la Antártida

Una perforación en el hielo de la Antártida
Una perforación en el hielo de la AntártidaGenerada con IA

¿Qué había en la Antártida antes del hielo? Un núcleo de 228 metros revela la historia oculta bajo el continente blanco. El hallazgo científico más profundo hasta la fecha.

La Tierra tiene aproximadamente 4.500 millones de años y es por esta razón que todavía guarda secretos que la ciencia apenas está empezando a descifrar.  

Bajo kilómetros de hielo, desierto y roca, hay capítulos enteros de la historia del planeta que ningún instrumento había podido alcanzar hasta ahora. Y uno de ellos acaba de abrirse en la Antártida.

Un equipo formado por investigadores de diez países ha extraído bajo el hielo antártico un núcleo de sedimento de 228 metros de longitud, el más largo jamás obtenido bajo una capa de hielo. 

Dentro de ese cilindro de arcilla, roca y fósiles hay 23 millones de años de historia climática preservados capa a capa. 

Lo que ese archivo geológico revele podría cambiar la forma en que los científicos predicen el comportamiento futuro del hielo y, con él, el nivel del mar en todo el planeta.

¿Qué hay dentro del núcleo de la Antártida?

Conseguirlo no fue sencillo, puesto que el equipo lo intentó en dos ocasiones y en ambas tuvo que abandonar. Esto porque las temperaturas extremas del entorno congelaron las máquinas antes de alcanzar el objetivo. 

Al tercer intento, el taladro consiguió atravesar los 523 metros de hielo hasta llegar al lecho rocoso y extraer una muestra que superó el objetivo inicial de 200 metros.

De acuerdo con la investigadora principal, Molly Patterson, profesora de geología en la Universidad de Binghamton, en Estados Unidos, lo más largo perforado hasta entonces bajo una capa de hielo no llegaba a los diez metros. 

El salto es difícil de dimensionar, porque pasar de menos de diez metros a 228 es un cambio de escala completo en la capacidad de la ciencia para leer el pasado climático del planeta.

Cabe señalar que un núcleo de sedimento es una columna continua de material geológico extraída del fondo, donde cada capa corresponde a un periodo concreto de la historia de la Tierra. 

Este de 228 metros contiene arcilla, arena, roca y, sobre todo, fósiles, como restos de criaturas marinas y algas que solo pueden vivir en agua abierta con acceso directo a la luz solar.

La zona perforada está hoy cubierta por más de 500 metros de hielo, pero los fósiles encontrados en el núcleo demuestran que en algún momento del pasado esa misma zona estaba bajo un mar abierto. 

Es importante destacar que el hielo que hoy cubre esa región desapareció al menos una vez, y los sedimentos registraron exactamente cuándo y en qué condiciones.

Lo que puede predecir sobre el futuro

Huw Horgan, científico del proyecto e investigador de ETH Zurich y la Universidad Victoria de Wellington, señala que la muestra aporta información clave sobre cómo responderán las capas de hielo a temperaturas superiores a dos grados por encima de los niveles preindustriales. 

Hasta ahora, las proyecciones de deshielo antártico se construían principalmente a partir de mediciones satelitales y análisis del borde exterior de la capa de hielo. 

Pero este núcleo ofrece por primera vez una lectura directa del registro geológico de lo que ocurrió bajo el hielo en el pasado profundo.

La consecuencia más concreta de ese escenario es conocida, pero sigue siendo difícil de asimilar. Y es que si la capa de hielo de la Antártida occidental se derritiera por completo, el nivel del mar subiría entre cuatro y cinco metros a escala global. 

Por ello, saber con más precisión cuándo y a qué temperatura ocurrió eso antes es el primer paso para estimar cuándo podría volver a ocurrir.

El equipo continúa analizando el núcleo, pero el siguiente objetivo ya está definido, que es extraer más muestras de perforación para construir un modelo predictivo más fiable del comportamiento del hielo antártico. 

La Tierra lleva 4.500 millones de años registrando su propia historia, por lo que este cilindro de 228 metros es, por ahora, el fragmento más largo que la ciencia ha conseguido leer de esta zona del planeta.

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