Adiós al modo automático de la cámara de tu móvil: así puedes aprovechar todo lo que te ofrece

Aunque tu móvil sea de los baratos, seguramente ofrezca fotografía manual, que es imprescindible si quieres conseguir resultados más profesionales.
Aunque pueda resultar increíble, el primer móvil con cámara digital se presentó el siglo pasado, concretamente con el modelo Kyocera VP-210, que se lanzó exclusivamente en Japón en 1999.
Un año más tarde, se sumarían a esta nueva corriente el Samsung SCH-V200 y el Sharp J-SH04, móviles que apenas tenían una cámara digital de 0,35 y 0,11 megapíxeles, respectivamente.
Pero no sería hasta la llegada de los smartphones que las cámaras se popularizarían, mayormente por las posibilidades que permitían para retocar los resultados finales, algo que los móviles "tontos" no ofrecían.
Desde entonces, los modelos no han hecho más que avanzar y, más allá de que existan sensores de 200 megapíxeles en móviles asequibles, ofrecen un disparo automático que suele cumplir con lo que busca el usuario medio.
A pesar de ello, si quieres aprovechar la cámara al máximo, lo mejor es usar el conocido como modo Manual o Pro, ya dependiendo del fabricante se denomina de una u otra forma.
Así puedes exprimir al 100% la cámara de tu móvil, con una guía muy fácil para fotografiar mejor casi cualquier tipo de escenario.
El triángulo de la luz o de la exposición
Con cualquier tipo de cámara, fotografiar consiste básicamente en saber gestionar bien la luz, y esta no solo depende del hardware del sensor o del tipo de día que haga, sino también de la apertura –lo que ves como f/– y la velocidad de obturación o shutter.
El primer punto a tener en cuenta en este triángulo es el ISO, es decir, la sensibilidad del sensor de tu móvil para controlar la luz que deja entrar; en caso de escenas mal iluminadas, se puede forzar al sensor para que sea capaz de ver más.
Ahora bien, se suele aconsejar no aumentarlo mucho y mantenerlo habitualmente entre valores de 100 o 200, ya que con cifras más elevadas aparecerá lo que se conoce como ruido, y el resultado final perderá nitidez y calidad.
Como recomendación, sube solo el ISO cuando notes que la fotografía va a quedar totalmente oscura, ya que si lo haces habitualmente notarás que al aumentar el zoom aparece un efecto que difumina todo, sin poder apreciar bien las texturas.
En segundo lugar, aparece la velocidad de obturación, que es algo así como el tiempo que el sensor observa la escena, y se mide en fracciones de segundo o segundos enteros: con velocidades rápidas –1/500 o 1/4000– se congela el tiempo; con las lentas –1/15, 1" o 10"–, la luz entra duran más tiempo.
Esto último permite iluminar escenas oscuras o capturar el movimiento, pero si existe algún tipo de vibración casi siempre notarás que el resultado final sale borroso y movido.
En la práctica, una velocidad más baja como 1/1000 te servirá para fotografiar el movimiento de tus mascotas, mientras que para conseguir el efecto de los coches dejando estelas en la noche necesitarás unos 2 segundos y, por supuesto, un trípode.
Si quieres ver ejemplos prácticos de diferentes situaciones y configuraciones, aquí tienes una tabla con algunos valores que puedes usar con el modo manual de tu móvil:
El último de los vértices de este triángulo es la apertura, aunque en algunos móviles esta no se puede modificar, pero sí aparece en el modo Retrato de muchos, pudiendo aumentar o bajar el valor.
Con una apertura pequeña, por ejemplo, f/1.8, entra mucha luz y el fondo saldrá desenfocado –el efecto bokeh que suele encontrarse en el modo Retrato–; con una apertura grande, como f/11, entra poca luz, pero todo aparece nítido.
Sabiendo todo esto, hay que entender que para tomar las mejores fotografías todos estos valores están relacionados, por lo que si modificas uno, deberás seguramente cambiar otro.
Otros ajustes que afectan a la fotografía
Incluso manejando todos estos valores, es probable que no consigas el resultado que busques. Aquí entran en juego otras características, como el enfoque, ya que algunos modelos más caros sí permiten bloquearlo, en esos casos en los que el automático no sea capaz de enfocar.
Pero también el balance de blancos. En muchos móviles se puede acceder a diferentes tipos de luz, según la escena; por ejemplo, si disparas con luz natural, en días nublados o con luces interiores.
Si tu dispositivo te permite retocar esto, es ideal para que la cámara reconozca bien cuál es el color blanco de la escena; de lo contrario, podrían salirte fotografías con un resultado de color que no se ajusta a la realidad, aunque también puedes usarlo a tu favor de forma creativa.
A partir de aquí, también conviene saber cuándo activar el RAW, que te ofrecerá todos los datos de la fotografía en bruto, a diferencia de lo que ocurre con el formato JPEG, que aplica valores de forma automática y comprime el archivo final.
A pesar de que este último es el mejor si no quieres complicarte, RAW es obligatorio si vas a realizar una edición posterior y necesitas mantener todos los datos; de lo contrario, con una edición de JPEG acabarás perdiendo calidad final.
Por último, si quieres que tus resultados tengan un toque más profesional, tendrás que utilizar un trípode para móvil, ya que así evitarás las vibraciones molestas en algún tipo de fotografía.
Adicionalmente, lo más recomendable es no usar el flash del móvil casi en ningún momento, ya que es mejor aprovechar una luz que haya en la escena, como una farola, la luna o la linterna de otro móvil.
Si eliges hacer fotos con flash, podrías acabar con resultado negativos, como ojos rojos, sombras excesivas detrás de los sujetos protagonistas o luces artificiales. Aunque suene extraño, el mejor momento para usarlo podría ser un escenario con mucho sol, ya que así tendrás bien iluminada toda la escena.

