Linus Torvalds, creador de Linux, tajante con los anti-IA: "La solución no es meter la cabeza en la arena y gritar 'La, la, la, no te oigo', como parecen hacer algunos"

Torvalds deja claro que nadie está obligado a utilizar IA, pero tampoco permitirá que otros intenten impedir que los desarrolladores que sí quieran usarla puedan hacerlo.
La inteligencia artificial ha ganado terreno en prácticamente todos los rincones de la industria, por lo que ya se utiliza para escribir código, detectar errores, automatizar pruebas y revisar grandes cantidades de información.
Sin embargo, este avance también ha provocado una reacción muy fuerte entre quienes rechazan por completo su uso y se definen abiertamente como anti-IA.
El debate se vuelve especialmente delicado en proyectos de código abierto, donde miles de desarrolladores colaboran y un grupo reducido de mantenedores debe revisar cada aportación.
Una herramienta puede ahorrar tiempo a quien genera un parche, pero también puede multiplicar el trabajo de quienes deben comprobar si ese código funciona, está bien escrito o introduce nuevos problemas.
Ante esta discusión, Linus Torvalds ha dejado clara su postura. En un intercambio publicado en lore.kernel.org, el creador de Linux respondió a varios comentarios negativos sobre la IA y sostuvo que quienes se oponen a su uso pueden simplemente apartarse.
"Linux no es uno de esos proyectos anti-IA, y si alguien tiene problemas con eso, puede optar por el código abierto y crear una bifurcación. O simplemente vete".
Los anti-IA pueden marcharse

La discusión surgió por el creciente uso de modelos de inteligencia artificial para generar código, revisar parches y enviar informes de errores relacionados con el kernel de Linux.
Ante ello, parte de la comunidad teme que estas herramientas terminen inundando el proyecto con propuestas de baja calidad, ya que un modelo de IA puede producir un parche que parezca correcto, pero que contenga fallos difíciles de detectar.
Si el programador lo envía sin revisarlo, la responsabilidad acaba recayendo sobre los mantenedores. Linus Torvalds reconoce este problema.
No defiende que cualquier contenido generado por IA deba aceptarse ni considera que todos los modelos sean fiables. Su crítica va dirigida a quienes quieren prohibir la tecnología por completo, incluso cuando puede aportar resultados útiles.
Su mensaje parte de una idea sencilla, donde nadie está obligado a utilizar inteligencia artificial, pero tampoco debería impedir que otros desarrolladores la utilicen.
Si una persona considera que estas herramientas no encajan con su forma de trabajar, puede ignorarlas. Así que lo que el creador de Linux rechaza es que esa decisión personal termine convertida en una regla para todo el proyecto.
En el mundo del software libre existe, además, otra posibilidad. Quien no esté de acuerdo con la dirección del kernel puede crear un fork, es decir, una versión independiente del código con sus propias normas.
“Pero la solución no es esconder la cabeza bajo la arena y gritar a todo pulmón 'La la la, no te oigo', como parece que hacen algunos. No obligamos a nadie a usarlas, pero ignoraré rotundamente a quienes intenten impedir que otros las utilicen”.
La tecnología ya se utiliza dentro y fuera del desarrollo de Linux. Puede servir para localizar fallos, explicar código complicado o automatizar tareas repetitivas. Ignorarla no elimina sus riesgos ni evita que otros la adopten.
Así que la condición es clara: quien utilice IA debe responder por el resultado. Si un parche falla, introduce una vulnerabilidad o carece de sentido, la responsabilidad seguirá siendo de la persona que lo envió.
El mensaje de Linus es que la tecnología debe juzgarse por su utilidad y por la calidad del trabajo que produce. Para él, el criterio seguirá siendo el mismo de siempre: si ayuda al proyecto, se acepta; si genera problemas, se descarta.
