Investigadores aseguran que los agujeros negros podrían ocultar habitaciones secretas como en Interstellar

Computer Hoy/Universal/Warner Bros/NASA, ESA, CSA, Ralf Crawford/STScI

Si esta hipótesis se confirma, los agujeros negros no serían un destino final, sino un complejo mecanismo para conservar y redistribuir información, como un archivo secreto del universo. 

Durante décadas, los agujeros negros han sido descritos como el punto final de todo, como un abismo oscuro donde la materia, la luz y hasta la información desaparecen para siempre. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que lo que hay más allá del horizonte de sucesos podría ser mucho más complejo, y fascinante, de lo que creíamos. 

Inspirados en ideas de la teoría de cuerdas y con un guiño inevitable a la película Interstellar, algunos físicos creen que los agujeros negros podrían esconder un entramado oculto de dimensiones, túneles y salas, como una especie de laberinto cósmico diseñado para guardar y, eventualmente, liberar información.

"Este superlaberinto tiene una enorme capacidad para almacenar información. Eso resuelve la paradoja de la información", afirma Nicholas Warner, físico teórico de la Universidad del Sur de California y coautor del estudio.

¿Y si los agujeros negros no fueran un pozo sin fondo?

Este nuevo enfoque no solo desafía la imagen tradicional del agujero negro como un punto de no retorno, sino que también ofrece una posible solución a uno de los mayores dilemas de la física moderna, la paradoja de la información. 

Stephen Hawking planteó en 1974 que, si nada escapa de un agujero negro, entonces todo lo que entra se pierde, incluida la información cuántica. Pero eso contradice las leyes fundamentales de la mecánica cuántica. ¿Dónde va a parar esa información?

Un equipo de físicos teóricos cree haber encontrado una respuesta en la teoría de cuerdas. En lugar de un núcleo aplastado y sin estructura, proponen que el interior de un agujero negro está formado por un sistema dinámico de cuerdas y membranas, conocidas como branas, que vibran en hasta once dimensiones. 

Según su modelo, publicado en el Journal of High Energy Physics, estas estructuras crean un espacio interno con cavidades, túneles y cámaras interconectadas. Un espacio que, aunque invisible desde fuera, podría funcionar como una gigantesca red de almacenamiento de información.

Warner lo compara con un "superlaberinto" donde las branas se entrelazan formando una geometría que, aunque ininteligible para nuestros sentidos, sería capaz de conservar cada dato de lo que ha entrado en el agujero negro. 

Este enfoque se aleja de la idea clásica de una singularidad destructiva y plantea que, en realidad, no hay un centro ni un borde definidos, sino una estructura compleja que recuerda al "teseracto" que Christopher Nolan imaginó en Interstellar.

"Hay una estructura muy intrincada, con muchas salas, cámaras e intersecciones de paredes, con todo tipo de capas. Las paredes son las branas, y las intersecciones son donde las cosas bidimensionales se encuentran con las cosas pentadimensionales. Cuando se encuentran, tiran unas de otras y se curvan", describe Warner.

El equipo empleó ecuaciones matemáticas avanzadas para describir este laberinto. Una de ellas, apodada maze function, regula cómo se cruzan las branas en el espacio multidimensional. Aunque no hay una solución general, los físicos han demostrado que sí es posible obtener soluciones concretas bajo ciertas condiciones. 

Así, en lugar de una esfera de oscuridad absoluta, podríamos estar ante una especie de ciudad dimensional formada por vibraciones.

El gran reto sigue siendo explicar la entropía, el número de configuraciones posibles dentro de este sistema, sin un horizonte de sucesos, ya que esta medida ha sido una pieza clave para entender la física de los agujeros negros. Sin embargo, los avances en esta línea apuntan a una nueva vía para conectar la teoría cuántica con la relatividad general.

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