Jared Cooney Horvath, neurocientífico: "La generación Z será la primera en tener peor rendimiento cognitivo que sus padres"

Cada vez más expertos están poniendo el foco en el impacto que la tecnología moderna pone en las capacidades de los jóvenes. Y no parecen ser buenas noticias.
Cada cierto tiempo, surgen voces críticas con la forma de vida moderna. Eso, en líneas generales, ha sucedido desde siempre: antes todo era mejor. Sin embargo, quienes critican a la tecnología y a la digitalización actuales parecen estar armándose de razones. Jared Cooney Horvath, un reputado neurocientífico, tiene claro que la generación Z tendrá peor rendimiento cognitivo que sus padres.
Desde luego no es el primero en opinar en la misma dirección. Ya han surgido quienes garantizan que las pantallas y en particular las redes sociales son una mala idea para los chavales, e incluso Pedro Sánchez quiere prohibir según qué plataformas a los menores de 16 años (aunque quizá por otras razones). Por no faltar, no faltan ni quienes advierten que la inteligencia artificial nos volverá más tontos.
Los científicos y el rendimiento cognitivo
Jared Cooney-Horvath lleva años especializándose en la neurociencia cognitiva educativa. Es decir, en la parte del cerebro que afecta tanto al aprendizaje como al proceso de la información. Después de numerosos estudios sobre el tema, el científico ha llegado a la conclusión de que por primera vez los jóvenes (generación Z) tendrán peor entendimiento que sus padres.
El experto insiste en que su labor no es ser alarmista, y que tampoco lo pretende. Lo único que hace es interpretar los datos. Según estos, y tras una observación prolongada en grandes grupos de personas, las tendencias, asegura, son preocupantes. Ve una clara relación entre la tecnología moderna y un deterioro en las funciones cognitivas.
Es importante empezar por tener claro qué es el rendimiento cognitivo. Algunas personas piensan que se trata del coeficiente intelectual de los individuos. No es así. Se trata del conjunto de habilidades que incluyen atención, memoria, razonamiento, comprensión lectora y habilidad matemática, entre otras. Es decir, capacidades fundamentales para el éxito académico, profesional y social.
Según Cooney-Horvath, los datos procedentes de evaluaciones estandarizadas internacionales muestran que, en varias de estas áreas, los miembros de la generación Z (nacidos entre mediados de los años 90 y principios de 2010) están teniendo resultados peores que sus predecesores del mismo rango de edad (como los millennials) cuando estos se evaluaron en su momento.
El papel de la tecnología en el aprendizaje

Una de las bases del argumento de Cooney-Horvath es la relación entre la tecnología, en especial las pantallas y dispositivos digitales -con todo lo que conllevan- y la forma en la que el cerebro procesa información. Según él, aunque las herramientas digitales ofrecen ventajas claras (acceso a información, conectividad, aprendizaje adaptativo), suponen un problema.
Siguiendo su interpretación, cuando la tecnología se convierte en el principal medio de aprendizaje desde edades tempranas, fomentando hábitos de atención fragmentada, multitarea y gratificación inmediata. Estas prácticas, dice, pueden afectar negativamente a la consolidación de habilidades cognitivas superiores que requieren tiempo, esfuerzo y foco continuo.
La solución, claro, pasaría por limitar el tiempo de pantalla no esencial en contextos escolares, algo que en lo que también han insistido otros científicos y profesores. Además, también sería aconsejable priorizar técnicas de enseñanza que fomenten la lectura, la escritura y la resolución de problemas de formas tradicional. Tener claro que no todo lo tecnológico siempre es mejor.
Pero una cosa es la teoría y otra la práctica. Intentar cambiar rutinas de comportamiento en los tiempos que corren no es sencillo, ni para los padres ni para los propios docentes. Por mucho que el esfuerzo, parece ser, resulte tan recomendable como necesario.
