Un estudio confirma por qué el tiempo parece transcurrir más deprisa a medida que se envejece: "El cerebro es el culpable de todo"

Un estudio confirma por qué el tiempo parece transcurrir más deprisa a medida que se envejece: "El cerebro es el culpable de todo"
Reloj representando el paso del tiempo.Freepik.

¿Sientes que los años vuelan? Un nuevo estudio explica la base científica de por qué el tiempo se acelera con la edad. Descubre el papel del cerebro y cómo frenar esta sensación.

La sensación de que los veranos de la infancia eran eternos mientras que los años adultos se desvanecen en un parpadeo no es una simple percepción subjetiva, sino un fenómeno con una explicación neurológica fascinante

Un reciente estudio científico ha confirmado que nuestro cerebro es el culpable de esta aceleración temporal debido a la velocidad a la que procesamos las imágenes y la novedad de las experiencias. A medida que envejecemos, las redes neuronales se vuelven más complejas y la degradación de las vías de transmisión hace que el cerebro registre menos "instantáneas" por segundo que en la juventud. E

sta ralentización en el procesamiento de información crea la ilusión óptica de que el tiempo transcurre más deprisa, una revelación que abre el debate sobre cómo la estimulación cognitiva puede ayudarnos a "estirar" nuestra percepción del día a día.

A medida que uno envejece, los años parecen volar, transcurrir a más y más velocidad. Pero es obvio que el tiempo siempre es el mismo, y lo que verdaderamente cambia es la forma de apreciarlo que tiene el propio cerebro humano. Un nuevo estudio ha profundizado en el tema y sus responsables explican de forma científica por qué sucede realmente. 

La investigación en cuestión se centra en un mecanismo cerebral concreto: las llamadas oscilaciones alfa. Es decir, ondas eléctricas que el cerebro produce de forma natural y que suelen oscilar entre 8 y 13 hercios. Estas ondas, conscientes en la corteza parietal, son las responsables de cómo interpretamos la información sensorial. De cómo interpretamos el mundo… y a nosotros mismos.

El cerebro provoca que el tiempo pase más deprisa

Representación del Reloj del Juicio Final.
Representación del Reloj del Juicio Final.Imagen generada con IA.

Seguro que si ya tienes una edad has recordado con morriña cómo eran los veranos de tu infancia. Entre otras cosas, larguísimos. Un periodo de vacaciones podía dar la impresión de durar eternamente. Los años escolares, igualmente, se prolongaban en lo que parecía una vida. ¿Por qué entonces a medida que pasan los años las estaciones parecen transcurrir a toda velocidad?

El estudio publicado en la revista Nature Communications lo explica de manera sencilla. Según los expertos, las oscilaciones alfa funcionan de manera similar a lo que podría considerarse un marco temporal interno. O dicho de otra forma, determina cómo el cerebro agrupa los estímulos que recibe y, en consecuencia, cómo percibimos el paso del tiempo.

Cambios en las interpretación de distintas señales

El trabajo demuestra que pequeñas variaciones en la frecuencia alfa modifican la manera en que el cerebro integra señales sensoriales (es decir, la vista, el tacto, el movimiento). Cuando esta frecuencia cambia, y lo hace con el paso de los años, también lo hace la "ventana temporal" en la que el cerebro fusiona eventos. Todo está en la cabeza, aseguran los científicos.

La explicación por la que los acontecimientos dan la sensación de apresurarse cada vez más, por lo tanto, radica en que el cerebro es capaz de integrar más información en menos tiempo. A medida que envejecemos, cambian los patrones de actividad cerebral, incluida la frecuencia alfa dominante. Esa modificación altera el ritmo con el que vivimos la experiencia.

Así pues, no es el tiempo lo que cambia (lógico) pero tampoco se debe a una cuestión psicológica, como en ocasiones se piensa de manera errónea. Más preciso sería hablar de un fenómeno neurobiológico. Los científicos lo resumen en una frase sencilla de comprender: no es que el tiempo pase más rápido, sino que el cerebro, de alguna forma, se recalibra.

Con todo, hay otra explicación: el cerebro codifica con mayor intensidad lo nuevo, por lo que la infancia y la juventud dejan una huella más profunda en recuerdos. En retrospectiva, esos periodos parecen más largos. Cuanto más rutinario es todo, en cambio, más se "acomoda" el pensamiento. Es decir, que disfrutar nuevas experiencias es, en la práctica, una forma de vivir más tiempo.

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