Un estudio echa por tierra a Bill Gates y Sam Altman, y asegura que la IA es un problema para la ciencia

¿Qué sucedería si realmente la inteligencia artificial creara desinformación y volviese a los científicos cada vez más perezosos y dependientes de la tecnología?
Según Sam Altman, el máximo responsable de OpenAI, la inteligencia artificial marcará un antes y un después en muchas materias científicas. Ayudará a curar enfermedades o incluso a colonizar el espacio, tal vez con la ayuda de robots. Puede sonar fantástico, pero el empresario lo tiene claro. No es el único, también el popular Bill Gates de ha posicionado muchas veces en la misma línea.
Sin embargo, tanto entusiasmo podría no coincidir del todo con la realidad de lo que suceda. Al menos, esa es la conclusión a la que ha llegado un nuevo estudio publicado recientemente, en el que distintos especialistas en la materia argumentan lo contrario. La IA no solo no mejoraría, según ellos, los avances científicos, sino al revés: perjudicará a los propios expertos.
La IA ¿un enemigo declarado de la ciencia?
La polémica dio comienzo con un supuesto artículo acerca del cambio climático, como señalan desde RTL Today. Según el mismo, no existen razones para pensar que este exista o que, al menos, esté condicionado por el hombre. Uno puede estar de acuerdo o no con esa afirmación, pero lo preocupante del asunto, dicen los expertos, es la aportación de la IA.
En realidad, todo en la investigación fue realizado con un chatbot de inteligencia artificial. Y es ahí donde los especialistas ponen la lupa. Cuando un estudio lleva la firma de esta tecnología, cualquier puede pensar que se trata de un trabajo serio y neutro, pero no es así. La IA puede llegar a una conclusión científica y la contraria, sin que ninguna tenga validez real.
Es lo que algunos ya denominan "ilusión de objetividad". Cada vez se ven más publicaciones en Internet, muchas veces viralizadas en las redes sociales, que se muestran como estudios auténticos llevados a cabos por IA, y que pueden condicionar la opinión de la gente. Sin embargo, detrás de ellos no hay nada, son poco menos que puro humo.
Pero el problema, dicen, no estaría únicamente en esta desinformación, que de una u otra forma acabarían por perjudicando la divulgación científica auténtica. La cuestión es más profunda, ya que tampoco faltan especialistas que temen que la IA termine por hacer que muchos expertos pierdan facultades, al confiar y delegar en exceso en los automatismos de la chatbots.
Expertos en tela de juicio
Es un secreto a voces que muchos investigadores ya usan modelos como ChatGPT para resumir artículos, proponer hipótesis, escribir borradores o analizar datos de todo tipo. Estas funciones ahorran tiempo, sí, pero también pueden provocar una pérdida progresiva de habilidades. Aquellas que sí son necesarias para que la ciencia sea lo que es.
Un ejemplo claro es el de los GPS: pueden ayudar a conducir mejor, claro, pero también hacer que los conductores profesionales cada vez dependan demasiado de la tecnología. Pues con la ciencia podría ocurrir algo similar. Sobre todo porque, como cualquiera puede comprender, la ciencia sin curiosidad ni espíritu crítico, corre el riesgo de quedarse en poco menos que nada.
