Adiós a la calefacción a 19 grados, el truco de los expertos que apuestan por un "calor inteligente"

Calefacción de 20 grados
Temperatura ideal de la calefacción en casaIA

La temperatura de los 19 grados nació tras la crisis energética de los años 70 para hogares con poco aislamiento. Pero, con las viviendas actuales, ese valor está obsoleto.

La recomendación de toda la vida de mantener la calefacción a 19 grados para garantizar el ahorro energético se ha convertido en una creencia difícil de erradicar en los hogares españoles.

Y es que durante décadas, organismos públicos, así como campañas de concienciación, han fijado esta cifra como el límite de la eficiencia. Sin embargo, los expertos en climatización han comenzado a desmentir esta norma.

Esta cifra ha quedado obsoleta, donde la nueva referencia del confort eficiente se sitúa en los 20 grados, pero bajo una premisa fundamental: no se debe aplicar la misma temperatura a toda la vivienda, sino gestionar el calor de forma zonificada.

El origen de una norma caducada: la crisis de los 70

Para comprender por qué la regla de los 19 grados ya no es válida en la actualidad, es necesario analizar su contexto histórico. La recomendación surgió durante la crisis del petróleo de la década de 1970.

En aquel momento, el parque inmobiliario carecía de aislamientos eficientes; las ventanas de madera con un solo cristal y los puentes térmicos en las fachadas convertían las casas en coladores energéticos.

Es por esta razón que la única forma viable de contener el gasto era reducir drásticamente la temperatura ambiente. Se trataba, en esencia, de una calefacción de supervivencia.

La realidad de 2025 es radicalmente distinta, porque las viviendas modernas, o aquellas que han sido rehabilitadas con ventanas de doble cristal, funcionan como sistemas estancos que retienen la energía de manera mucho más eficaz.

En este escenario, mantener una temperatura demasiado baja en las zonas de estancia (por debajo de los 20 grados) puede ser contraproducente.

No solo afecta al confort térmico, sino que aumenta el riesgo de condensación y aparición de moho en las paredes más frías, lo que a la larga genera un problema de salubridad y un coste de reparación superior al ahorro en combustible.

La estrategia del "calentamiento inteligente": cómo funciona la zonificación térmica

El error más común en la gestión de la calefacción es tratar la vivienda como un bloque monolítico. La eficiencia real no se consigue apagando la caldera y pasando frío, sino aplicando lo que los técnicos denominan "calentamiento inteligente" o zonificación.

Esta estrategia se basa en adaptar los grados a la actividad biológica que realizas en cada estancia. Tu cuerpo no tiene las mismas necesidades metabólicas cuando estás activo en la cocina que cuando permaneces en el sofá o descansando en la cama.

Por ello, los expertos proponen un mapa de temperaturas diferenciado para maximizar el confort sin disparar la factura:

Salón (20 grados): Es el espacio donde se recomienda subir el listón respecto a la norma antigua. Al ser una zona de actividad sedentaria, 20 grados garantizan un confort real, reduciendo la necesidad de usar ropa de abrigo dentro del hogar.

Baño (22 grados): En esta estancia se prioriza la salud sobre el ahorro. Se aconseja programar un pico de temperatura puntual para evitar el choque térmico al salir de la ducha, momento en el que el cuerpo está húmedo y es más vulnerable a los cambios bruscos.

Dormitorio (16-18 grados): Aquí es donde se compensa el incremento del salón. La fisiología humana requiere un descenso de la temperatura corporal para inducir el sueño profundo. Dormir con la calefacción alta reseca las vías respiratorias y empeora la calidad del descanso.

Zonas de paso (17 grados): Los pasillos, así como los recibidores, son áreas de tránsito, por lo que no requieren confort térmico, sino una temperatura de mantenimiento que evite que la estructura de la casa se enfríe demasiado.

Trucos para ahorrar en la factura de la calefacción

Implementar esta microgestión de temperaturas manualmente sería inviable en el día a día. Por ello, la actualización del sistema de calefacción pasa por la digitalización.

La inversión más rentable para ejecutar esta estrategia es la instalación de válvulas termostáticas inteligentes en los radiadores y termostatos con conectividad WiFi. Estos dispositivos permiten programar las temperaturas exactas por habitación y franja horaria desde el móvil.

Según estudios del sector, esta gestión automatizada permite ahorrar hasta un 15 % en la factura anual, ya que la caldera solo trabaja para calentar las estancias que realmente se están usando a la temperatura necesaria.

Sin embargo, la tecnología más avanzada es inútil si tienes fugas térmicas en casa. Los expertos insisten en recuperar medidas de aislamiento que siguen siendo imbatibles por su relación coste-efectividad.

Por ejemplo, purgar los radiadores al inicio de la temporada de invierno es vital para eliminar bolsas de aire que impiden la transmisión del calor.

Del mismo modo, colocar láminas de material reflectante detrás de los radiadores evita que el calor se absorba por la pared y lo proyecta hacia el centro de la habitación.

Otro truco eficaz es cerrar las puertas de las habitaciones vacías, es una medida de ahorro más simple y eficaz para no dispersar la energía.

La clave no está en fijar el termostato en 19 grados y no tocarlo, sino en utilizar la tecnología para poner el calor justo donde se necesita y cortarlo radicalmente donde no aporta valor.

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