Adiós WiFi: por qué deberías conectar todo lo que puedas por el cable Ethernet y olvidarte de las conexiones inalámbricas

Siempre que sea posible, conviene conectar los dispositivos a Internet mediante cable Ethernet en lugar de depender del WiFi, especialmente en ordenadores, consolas o Smart TV.
En los últimos años, el WiFi se ha consolidado como la forma más habitual de conectarse a Internet en casa. Ha transformado la manera en que interactuamos con la red, haciendo que la conexión inalámbrica sea casi tan esencial como la electricidad o el agua.
Móviles, portátiles, televisores y consolas dependen cada vez más de esta tecnología para acceder a la red sin necesidad de cables. La comodidad que ofrece ha terminado por convertirla en un estándar en prácticamente todos los hogares.
Sin embargo, esa facilidad tiene un coste que muchas veces pasa desapercibido. Aunque la conexión inalámbrica es práctica, también puede implicar pérdidas de velocidad, interferencias o conexiones inestables.
Por esa razón, algunos expertos recuerdan algo que parecía haber quedado en segundo plano: cuando se busca el máximo rendimiento, el Ethernet sigue ofreciendo ventajas claras frente al WiFi.
Es importante mencionar que la idea no es eliminar el WiFi, sino entender que, en determinados casos, volver al cable puede mejorar notablemente la calidad de la conexión.
Por qué el cable Ethernet sigue siendo más estable que el WiFi
Cabe destacar que la diferencia entre ambas tecnologías se origina en su funcionamiento. Ethernet establece una conexión física directa entre el dispositivo y el router, lo que permite transmitir datos sin depender de las ondas de radio.
Por otro lado, el WiFi utiliza señales inalámbricas que viajan por el aire y pueden verse afectadas por múltiples factores. En una vivienda normal, esas señales pueden encontrar obstáculos constantes.
Las paredes, los muebles o incluso la presencia de otras redes inalámbricas cercanas influyen en la calidad de la conexión. Además, cuanto más dispositivos utilicen la red al mismo tiempo, mayor será la probabilidad de saturación.
El cable evita todos estos problemas; al tratarse de una conexión directa, la transmisión de datos suele ser más constante y menos sensible a lo que ocurre a su alrededor.
La gran ventaja del Ethernet es una menor latencia
Más allá de la estabilidad, hay otro aspecto que marca una diferencia clara entre el cable y la conexión inalámbrica: la latencia.
Este término describe el tiempo que tarda un dispositivo en enviar y recibir información desde un servidor, algo que puede resultar imperceptible en el uso cotidiano, pero que se vuelve fundamental en actividades que requieren comunicación en tiempo real.
Cuando juegas online, estás en una videollamada o transmites contenido en directo; una latencia baja puede determinar la calidad de la experiencia.
Las conexiones por cable suelen ofrecer tiempos de respuesta más estables, mientras que el WiFi puede presentar pequeñas variaciones según la distancia al router o las interferencias.
Por ese motivo, muchos jugadores o profesionales que trabajan desde casa prefieren conectar sus equipos principales por cable siempre que tienen esa posibilidad.
La comodidad del WiFi también tiene un precio
El éxito del WiFi tiene una explicación evidente, que es la libertad de movimiento y la comodidad. Poder utilizar un portátil desde cualquier habitación, sin depender de cables, ha transformado por completo la forma en que usamos Internet.
Esa flexibilidad, sin embargo, implica aceptar ciertos compromisos. Las redes inalámbricas dependen mucho más del entorno físico de la vivienda, de la calidad del router y del número de dispositivos conectados.
Como consecuencia, la velocidad real de la conexión puede variar con mayor facilidad que en una red por cable.
Por eso, aunque el WiFi seguirá siendo imprescindible para muchos dispositivos móviles, no siempre será la opción más eficiente cuando se busca el máximo rendimiento.
¿Qué dispositivos conviene conectar por cable

En muchos hogares hay equipos que permanecen siempre en el mismo lugar. Un PC de sobremesa, una consola de videojuegos o un Smart TV rara vez cambia de ubicación dentro de la casa.
Cabe señalar que en estos casos, utilizar un cable Ethernet puede mejorar significativamente la estabilidad de la conexión.
Y es que este tipo de dispositivos suele realizar tareas que requieren una conexión constante, como descargar actualizaciones de gran tamaño, reproducir contenido en alta resolución o mantener sesiones de juego en línea.
Al conectarlos directamente al router, se eliminan muchas de las variables que pueden afectar al rendimiento de la red inalámbrica.
La clave está en combinar ambas tecnologías
En la actualidad, no tienes por qué elegir entre WiFi y Ethernet. De hecho, la solución más eficaz suele consistir en combinar ambas tecnologías.
El WiFi seguirá siendo imprescindible para dispositivos móviles como teléfonos, tablets o portátiles, mientras que el cable puede reservarse para los equipos que requieren mayor estabilidad.
Este enfoque permite distribuir mejor el tráfico de la red y reducir la saturación de la conexión inalámbrica, algo especialmente relevante ahora que cada hogar conecta cada vez más dispositivos a Internet.
La conexión inalámbrica ha transformado la forma en que utilizamos internet y seguirá siendo esencial en el futuro. Sin embargo, cuando se busca la máxima estabilidad, velocidad y la menor latencia posible, el cable Ethernet sigue siendo una opción difícil de superar.
En un momento en que los hogares conectan televisores, consolas, ordenadores y numerosos dispositivos, recuperar el cable para los equipos más exigentes puede ser una de las formas más sencillas de mejorar el rendimiento de la red en el hogar.

