Las gafas inteligentes tienen un problema con el que nadie contaba: ya permiten hacer trampas en los exámenes

Si los profesores ya tenían suficientes complicaciones a la hora de controlar que sus estudiantes no copiaran, ahora el desafío parece mucho mayor para ellos.
Las gafas inteligentes continúan en el centro de la polémica. Que se trata de un dispositivo cuanto menos indiscreto, eso es algo que ya parece haberse demostrado con creces en episodios sucedidos anteriormente (a veces, convertidos en virales por lo peliagudo del asunto). Pero sus usos no dejan de sorprender. Ahora, muchos estudiantes las usan para hacer trampas en los exámenes.
De hecho, si la inteligencia artificial no era ya suficiente problema para muchos profesores de todo el mundo (distinguir lo hecho con IA con los trabajos genuinos no siempre es del todo fácil, sobre todo para el ojo desentrenado), ahora tienen una complicación añadida. ¿Van a tener los maestros que revisar las lentes a todos sus alumnos antes de clase?
Las gafas inteligentes, una forma de hacer trampa en los exámenes
Desde que el mundo es mundo, muchos estudiantes han recurrido a las trampas a la hora de aprobar exámenes. Siempre han existido las típicas chuletas, y ese tipo de ocurrencias para engañar a los profesores. Ahora, en cambio, la tecnología parece haberlo puesto todo mucho más fácil. En concreto, las gafas inteligentes, como denuncian numerosos medios.
Es una tendencia que, según parece, está cobrando relevancia en muchos países. En realidad, el proceso no presenta ningún misterio. Estas gafas incorporan por lo general cámaras y sistemas de reconocimiento de texto. Cuando el usuario mira una hoja de examen, el dispositivo puede captar el contenido, enviarlo a un sistema de inteligencia artificial y devolver una respuesta.
Vamos, que no hace falta ser ningún maestro del engaño para hacer trampas en cualquier momento. ¿El problema? Que a diferencia de lo que pasaba con las chuletas de toda la vida, o incluso los teléfonos móviles, las gafas inteligentes son más difíciles de detectar. Primero, porque muchos profesores ni se fijan en que no son unas gafas normales.
Además, incluso si están al tanto de ellas, ¿cómo probar que un alumno está haciendo trampas realmente? Por si fuera poco, con ellas no hace falta recurrir a movimientos sospechosos que puedan dejar en evidencia al chaval que esté copiando. Visto desde fuera, solo se trata de alguien más llevando a cabo su prueba. Ni tan siquiera hace falta audio para que el dispositivo aporte su "ayuda".
Un problema no solo en las aulas
Aunque la noticia ha llamado la atención (se veía venir, de todas maneras), las polémicas relacionadas con las gafas inteligentes no dejan de sucederse. Las posibilidades son enormes. Sin ir más lejos, los momentos de intimidad. Una chica se volvió viral cuando descubrió que la persona que la atendía en su centro de estética (depilación) llevaba unas gafas inteligentes.
Es verdad que cualquiera puede grabarte igual con el móvil, una cámara escondida o lo que sea, pero por alguna razón las gafas inteligentes generan más incertidumbre. Quizá porque pasan demasiado inadvertidas. Además, su auge ha llegado precisamente en un momento en el que, de manera justificada, la gente teme especialmente por su privacidad. Por lo que queda de ella.