Ridley Scott: Si Napoleón es humano, ¿cómo vamos a frenar a la IA?

Ridley Scott, director de Blade Runner, habla sobre el futuro y la inteligencia artificial.
Además, el director de Napoleón interpretado por Joaquin Phoenix, es pesimista y duda sobre si el arte podrá diferenciarse de los datos.
El británico Ridley Scott, director del nuevo éxito en las taquillas del cine —no tanto así en las críticas— con su film: Napoleón, sigue dando de qué hablar. Si en la promoción de la película ya consiguió enfadar a toda Francia, casi todos los historiadores y toda la Europa que no es inglesa —quizá a ellos también— ahora, el padre de Blade Runner habla sobre la inteligencia artificial.
Ridley Scott tiene 85 años, y quizá, por eso, ya no le importa que opinen de él los demás. Sin embargo, sí le preocupa qué pasará con un mundo, que cada vez se parece más a su Blade Runner a, causa de la IA.
Una entrevista en Rolling Stone ha sido escenario para mostrar que es pesimista ante la capacidad humana de frenar el avance de la IA, algo que considera una misión imposible. Además, es escéptico con la capacidad de crear arte e imaginar de los seres humanos frente a las máquinas. "Hay algo no creativo en los datos", confiesa que le gustaría creer.
Son las pulsiones de un director que, a pesar de su edad, rodará Gladiator 2 y ha tenido el valor —eso no puede quitárselo nadie— de lanzar una propuesta provocadora —un inglés retomando la vieja caricatura contra-propaganda inglesa— con el que fue el largometraje de soñado —el biopic de Napoleón— por su cineasta favorito: Stanley Kubrick.
¿Qué no nos quitará la inteligencia artificial?
Si tendremos o no capacidad para diferenciarnos a través de la originalidad, lo artístico o lo genial frente a la IA, es precisamente lo que Ridley Scott ha elegido no contar en su Napoleón. Su apuesta es la de un equilibrio desbalanceado: asumir por contexto la brillantez y enfocar la falta de glamour, la falta de capacidad social, sexual o afectiva de un hombre que dominó y cambió el mundo.
Un niño gordo y torpe, siempre uniformado, incapaz de amar, obsesionado con su madre y buscándola en su mujer. El mejor estratega del mundo, sumiso, impulsivo y derrotado ante una relación tóxica; ciego y sordo o incapaz de entender qué siente, o como hace sentir a la mujer que desea. En papel, y con Joaquin Phoenix, es un buen contraste, pero para que algo contraste tiene que haber dos elementos.
Si quitamos a la Revolución Francesa, y a Napoleón —puede que un inepto social o no—, las leyes, los derechos humanos, la ciencia, el arte, la innovación tecnológica, la igualdad de oportunidades, la modernización de la estrategia bélica, la ciencia y también el temor y la pasión que suscitó ¿qué no nos quitará la inteligencia artificial?
"Ni siquiera los franceses se gustan a sí mismos", se atrevió a contestar provocativamente en rueda de prensa Ridley Scott. Una soflama que parece que tampoco consiga que en las salas de España, un país con un hito como el 2 de mayo, ir contra Francia funcione solo.
