Albert Einstein era un genio en física, pero un auténtico desastre en el agua: tuvo que ser rescatado una y otra vez

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La teoría de la relatividad no era lo único en lo que trabajaba Einstein. Tenía un proyecto tan innovador como los Tesla de Elon Musk, pero había riesgo de ahogarse.

No cabe duda de que uno de los genios más importantes de la historia es Albert Einstein. Si bien el físico teórico trajo la teoría de la relatividad especial y general, el efecto fotoeléctrico, y el movimiento browniano, había una faceta poco conocida. 

Al igual que mentes brillantes como Isaac Newton, Marie Curie y Stephen Hawking, el gran científico del siglo XX también contaba con sus pasatiempos y proyectos que estaban alejados de su enfoque principal. En este caso, para él, la navegación era uno de sus pasatiempos favoritos.

Sí, al ganador del Premio Nobel de Física de 1921 le gustaba usar su querido barco para pasear por el mar cuando tenía el tiempo libre, sin preocuparse de mucho. Lamentablemente, sus habilidades de marinero no eran tan buenas como su capacidad para hacer descubrimientos o sacar cálculos, pues hay evidencias de que tuvo que ser salvado en muchas ocasiones. 

Einstein podría haberse ahogado, pero fue rescatado más de 30 veces para evitarlo

Hoy en día la tecnología ha permitido crear cosas tan fascinantes como un barco con el morro de un avión o un modelo autónomo capaz de mapear todo el terreno submarino, pero para la época de 1929, las cosas eran totalmente diferentes.

La mayoría de los navegantes profesionales requerían de conocimientos avanzados para mantenerse a flote y dirigirse sin problemas hacia su destino e incluso era bastante común, pues si tenías la posibilidad, te hacías con una embarcación y podías ir a pescar o hacer algún deporte relacionado.

Por ejemplo, una de las cosas necesarias era considerar las leyes básicas de la física, como estudiar la fuerza y dirección del viento, los ángulos de posicionamiento, usar mapas con trayectorias de información compleja y otras cosas relevantes.

Justamente, en este momento, el genio físico había cumplido sus 50 años y uno de sus regalos más queridos fue el Tümmler “Propósito”, un barco de 15.000 marcos que fue otorgado por sus amigos en Caputh, Alemania.

“Mi sistema de navegación es zarpar, hacerlo rápido, sin pensar en la energía o la velocidad, echarse hacia atrás, dejar que el barco vaya a la deriva”.

Según esta historia compartida por National Geographic, el padre de la relatividad no habría pensado en ningún momento sobre hacer cálculos y dedicarse de esta manera a la navegación. Lo que en verdad le gustaba era olvidarse de todos los problemas y análisis por un momento cuando se movía por las olas del mar.

La vida del Tümmler no fue longeva y no porque no quiso, sino por la situación catastrófica que se estaba generando en Alemania y otras partes del mundo. Solo duró 3 años y después Einstein tuvo que salir urgentemente de Alemania debido a que el imperio fascista de ese entonces lo consideraba un peligro.

De esta manera, se estableció en Estados Unidos, en 1933 obtuvo un nuevo barco llamado Tinef, traducido del Yiddish como “un reemplazo que no es tan bueno como el original”, haciendo referencia al Tümmler. En este pudo seguir navegando, pero con muchísimos riesgos.

Al parecer, los marineros del puerto de Cutchogue, Nueva York, afirmaron numerosas veces que tuvieron que salvarlo porque se caía al agua y no lograba mantenerse. Un estudio de The New York Times, confirma que fueron más de 30 personas las que rescataron al físico teórico alemán.

¿Qué paso con los barcos Tümmler y Tinef?

El Tümmler fue confiscado en 1934 por el imperio alemán en Caputh, cerca de Potsdam. Después fue subastado junto a muchísimas cosas más y se perdió su rastro tras la Segunda Guerra Mundial.

En cuanto al Tinef, tuvo una situación complicada en 1944, con un incidente donde impactó con un arrecife donde, nuevamente, el maestro de la ciencia casi se ahoga. Este lo conservó hasta el último día de su vida, en 1955. Desde ahí no se sabe con exactitud que sucedió con él.

Sin duda es una historia interesante, pero también divertida. El científico no solo se dedicaba al trabajo como muchos piensan, pues también tenía aficiones y gustos, después de todo no era una máquina como una inteligencia artificial y esto es lo que hace que el relato sea especial.

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