Desde dormir peor a deprimirte más: así reacciona tu cuerpo a que los días cada vez sean más cortos

Con la llegada del otoño, las rutinas cambian o, mejor dicho, vuelven. Pero, ¿se trata de algo natural o más bien impuesto por la sociedad?
En ocasiones, puede ser difícil discernir cuánto hay de social y cuánto de fisiológico en algo. Por lo general, el verano suele asociarse con una liberación, descanso, desconectar del trabajo e incluso tener una actitud algo más desenfadada ante la vida. En cambio, cuando la época estival termina toca regresar a la rutina, los trabajos, los colegios… Y para colmo anochece antes.
Que hay mucho de ingeniería social (por no decir directamente de manipulación) es las rutinas del año, resulta evidente. El gregarismo de hacer las cosas cuando toca siempre ha estado ahí, no es algo nuevo. Sin embargo, también hay bastante de natural en que el cuerpo reaccione cuando los días son más cortos. Cambios que pueden ser más o menos pronunciados, pero muy frecuentes.
Así reacciona el cuerpo cuando los días son más cortos
Es importante empezar por los llamados ritmos circadianos. Estos son ciclos de aproximadamente veinticuatro horas que regulan una variedad de funciones fisiológicas, como el sueño, el apetito o los niveles de energía. Estos ritmos están controlados en gran parte por la exposición a la luz solar. En otoño, cuando los días se acortan, el reloj interno del cuerpo puede desajustarse.
¿Quiere decir esto que todo el mundo reacciona igual a la luz y tiene los mismos ritmos, por así decirlo? En absoluto. Aunque la sociedad esté prácticamente construida en su totalidad sobre un modelo diurno (no puedes ir al banco ni a comprar a las tres de la madrugada, como mucho de fiesta), hay personas con cronotipos nocturnos, que están cansados de día y llenos de energía de noche.
Además, el otoño suele asociarse con la melancolía, la ruptura, algo que termina. O diciéndolo de manera menos romántica y más práctica: el otoño es la época en la que más depresiones se producen. Tanto es así, que incluso existe un nombre para estos casos: Trastorno Afectivo Estacional (TAE). Se da precisamente cuando los días son más cortos y las noches más largas.
Todo esto conllevas que mucha gente padezca síntomas como insomnio o fatiga durante el otoño. Pero también puede darse el caso de que se sientan peor físicamente. La menor exposición al sol también puede influir en el sistema inmunológico. En otoño, al recibir menos luz solar, disminuyen los niveles de vitamina D, una vitamina esencial que ayuda a mantener las defensas altas.
La dieta se vuelve loca en otoño
Suele pensarse que en verano se engorda. Por aquello de estar de vacaciones, salir más con los amigos y la familia y, en general, tomarse la existencia de manera más relajada. Pues bien, no suele ser así. Es mucho más natural que sea en otoño cuando más se engorde, en realidad. Por el contrario, el calor tiende a reducir el apetito.
Durante el otoño, el cuerpo acostumbra a buscar alimentos más calóricos y ricos en carbohidratos. Esto puede estar relacionado con el descenso en los niveles de serotonina, lo que induce una mayor necesidad de consumir alimentos que aumenten temporalmente esta sustancia química en el cerebro.
Así que, si durante el otoño sientes que la gente está más mustia, a pesar del descenso de las temperaturas, existe una explicación científica y no es solo porque se supone que es lo que toca, socialmente hablando. Aunque, por supuesto, también puede haber mucho de eso también.