Entrenan ratas gigantes para luchar contra el tráfico ilegal de animales en África

Ni perros, ni escáneres, ni tecnología punta. Lo más eficaz para luchar contra la caza furtiva en África, son las ratas gigantes.
Animales como el pangolín, el elefante o el rinoceronte están en peligro de extinción, por culpa del tráfico ilegal de sus cuernos, colmillos o escamas, que se usan en la medicina tradicional en Asia.
Mucho de este tráfico ilegal de animales sale directamente por la aduana de los países africanos, oculto entre otros artículos.
Los escáneres, los perros o la revisión manual de la mercancía no son eficaces, por eso una ONG de Tanzania va a probar otro método: ratas gigantes africanas.
Ratas entrenadas para luchar contra el tráfico de animales
Las ratas son unos animales muy inteligentes, con un fino sentido del olfato. No solo pueden retener un olor durante meses, sino que son capaces de detectarlo aunque esté enmascarado por otro. En esto son mejores que los perros.
APOPO es una ONG de Tanzania que se ha especializado en entrenar ratas gigantes africanas para todo tipo de tareas inverosímiles.
Estas ratas son capaces de detectar el patógeno de la tuberculosis, rescatar gente tras un desastre como un terremoto o unas inundaciones, e incluso localizar minas explosivas, como puedes ver en esta tarjeta:
Ahora APOPO ha entrenado a otras once ratas gigantes, para una tarea aún más complicada: localizar tráfico ilegal de animales.
Kirsty, Marty, Attenborough, Irwin, Betty, Teddy, Ivory, Ebony, Desmond, Thoreau, y Fossey, todas con nombres de famosos conservacionistas, ya están preparadas para trabajar en las aduanas africanas.
Estas ratas son capaces de oler cuernos de rinoceronte, colmillos de elefante, escamas de pangolín y madera preciosa, cuyos olores ocultan los traficantes con granos de café, cables eléctricos o detergente en polvo.

Con respecto a un perro, además de su olfato aún más fino, una rata tiene la ventaja de que puede colarse por huecos muy estrechos.
¿Y cómo se entrena a una rata? El proceso se divide en varias fases. En primer lugar, aprenden a "meter la nariz en agujeros", en donde se ocultan los olores que tienen que buscar. Cada vez que olisquean en un orificio, reciben un poco de comida de roedor.
En la siguiente fase, estos agujeros se rellenan con los mencionados olores que se usan para ocultar el tráfico de partes de animales: café, detergente, etc. Aquí no se les premia, para que sepan que tienen que ignorar estos aromas.
Las ratas también llevan un divertido chaleco, que no es decorativo. Como puedes ver en la foto superior, de él cuelga una bola que las ratas frotan con sus patas delanteras cuando detectan los olores válidos mencionados. Esto hace que suene un zumbido que alerta a sus cuidadores de que ha detectado material ilegal.
La última prueba, llenar un almacén con cajas y diferentes olores, también ha sido un éxito. Han conseguido localizar la mercancía ilegal.
Ya solo falta completar el último paso, que también es el más difícil: que las ratas hagan su trabajo en un entorno lleno de ruido y gente desconocida, como es un control de aduanas. Es lo que van a probar en las próximas semanas.
Usar ratas gigantes entrenadas para localizar tráfico ilegal de animales, parece una locura. Pero funciona. Quién nos iba a decir que las ratas pueden ayudar a salvar de la extinción a los rinocerontes y los pangolines...

