La generación Z en el punto de mira: este es el precio irrisorio por el que venden su privacidad

Hoy en día nadie duda de que la información es poder, y ya existen empresas que directamente pagan para obtener datos con los que perfilar consumidores.
En un mundo cada vez más digitalizado, virtual, es una obviedad que la privacidad se ha vuelto un valor difícil de conservar. La indiscreción de las redes sociales, de la propia Internet, complican cada vez más que alguien, si lo desea, pueda permanecer en el anonimato social. Esa, al menos, es la teoría. Porque la generación Z parece dejar claro que la práctica es otra.
Ellos parecen tener una idea muy distinta al respecto. Así lo ha puesto de manifiesto un estudio que, a grandes rasgos, viene a revelar una situación cuanto menos complicada: los jóvenes están dispuestos a renunciar a su privacidad por dinero. Es más, ya lo están haciendo. Hay empresas que quieren saber más y más sobre ellos, y si hay que pagar por hacerlo, no tienen reparos en sacar la billetera.
La generación Z, dispuesta a vender su privacidad
Como suele decirse, los datos no engañan. Y los últimos publicados por el medio NDTV no dejan mucho margen para la duda. Según ellos, el 88% de quienes forman parte de la generación Z está dispuesto a compartir sus datos privados a cambio de una compensación económica. Y a decir verdad, tampoco parece que esta tenga que ser lo que se dice demasiado alta, para ser sinceros.
¿Quién quiere saber sus hábitos? Pues en un mundo donde suele decirse que la información es poder, cualquiera. Pero en este caso concreto ha sido Generation Lab, una empresa de encuestas enfocada en jóvenes. Ellos mismos han creado una plataforma llamada Verb.Ai que permite a los usuarios ganar dinero compartiendo sus datos. En teoría, de forma anónima.
La cosa funciona más o menos así: por una tarifa mensual de 50 dólares, más o menos, los usuarios tienen la oportunidad de instalar un rastreador en sus teléfonos. Con él, se puede saber en qué páginas navegan, qué compran o que aplicaciones utilizan a cada momento. Más o menos como las apps de rastreo que usan algunos padres, pero con unas intenciones comerciales, claro.
Al parecer, una de las únicas cosas en las que la herramienta promete discreción es en las cuentas bancarias. En lo demás, no. Como era de esperar, toda la información que se recopila se emplea más tarde para crear perfiles de personas que, para las compañías, dejan de alguna forma de considerarse individuos para transformarse en algo mucho más lucrativo: consumidores en potencia.
Un negocio cuanto menos cuestionable
Aunque a priori no haya nada inmoral es este negocio, lo cierto es que no son pocos quienes han alzado la voz. Sobre todo sorprendiéndose ante la facilidad con la que los miembros de la generación Z están dispuestos a compartir su privacidad, sea de manera anónima o no. Más que nada porque 50 dólares al mes difícilmente sacarán de pobre a nadie.
Claro que, si se piensa bien, mucha gente ya comparte su día a día en redes sociales, por ejemplo, y sin obtener un solo céntimo a cambio. Visto así, ganar un pellizco extra por algo que ya se hace gratis, sí parece tener más sentido. ¿No?
