Compra un coche eléctrico para ahorrar y se topa con una cruda realidad: "Me está costando cientos de euros más que mantener mi viejo coche diésel"

La diferencia en costes hace que mantener un coche eléctrico pueda ser más caro que un coche diésel o de gasolina, una de las razones por las que muchos aún evitan dar el salto.
Kristian Lewin-Petrov, un conductor británico convencido de que pasarse al coche eléctrico sería una decisión sostenible e inteligente, se encontró con una sorpresa: su nuevo SUV eléctrico le está costando más dinero que su antiguo coche diésel.
Sin garaje ni entrada privada, intentó instalar una toma de carga empotrada frente a su casa, pero el ayuntamiento de York, Reino Unido, se lo prohibió alegando motivos de seguridad. Desde entonces depende de la red pública de cargadores, donde los precios duplican los de la carga doméstica.
Esta situación revela la desigualdad en el acceso a la recarga, que está frenando la adopción del coche eléctrico en dicho país. Lo que debía ser una alternativa más asequible se ha convertido en un lujo debido al alto coste mensual.
Repostar gasolina es más barato que cargar un coche eléctrico
La transición al coche eléctrico ha avanzado con fuerza en Reino Unido, pero no para todos por igual. Según el Departamento de Transporte, el 91 % de los propietarios de vehículos eléctricos carga en casa, mientras que el resto —unos diez millones de hogares— vive en pisos o casas adosadas sin aparcamiento privado.
Para ellos, enchufar el coche representa un quebradero de cabeza, puesto que la diferencia no se limita a la comodidad, también es fiscal. Quien puede cargar en su garaje paga un impuesto reducido del 5 %, mientras que la carga pública está gravada con un 20 %, una disparidad que multiplica el coste por kilovatio y penaliza a quienes más dificultades tienen para acceder a un punto privado.
Es importante destacar que esta brecha económica explica por qué muchos conductores, incluso los comprometidos con la movilidad sostenible, están empezando a cuestionarse si el salto al eléctrico compensa realmente o la mejor opción es continuar con los coches de combustión de toda la vida.
La factura eléctrica supera al diésel
Como menciona el medio Thisismoney, Lewin-Petrov calcula que, en solo tres semanas, ha gastado casi 200 libras (227 euros) en recargar su Skoda Enyaq en cargadores públicos, 100 libras (113 euros) más de lo que pagaba por llenar el depósito de su viejo diésel para recorrer la misma distancia.
Su experiencia desmonta la idea de que los coches eléctricos siempre son más baratos de mantener. Las cifras de la AA (Automobile Association) lo confirman, y es que cargar en casa cuesta de media 6,7 céntimos de euro por kilómetro, mientras que en los puntos públicos lentos el precio asciende a 13 céntimos de euro por kilómetro.
Por otro lado, en cuanto a los cargadores rápidos, la cifra sube a 16 céntimos de euro, y en los ultrarrápidos —los de autopista— supera los 20 céntimos por kilómetro, más del triple que una tarifa doméstica.
Con esa diferencia, mantener un coche eléctrico puede resultar tan caro o incluso más que conducir uno de gasolina o diésel, especialmente si no tienes acceso a un enchufe propio. La paradoja es que quienes apostaron por contaminar menos acaban pagando más.
Lo que se propone para terminar con esto, es un canal empotrado bajo la acera para pasar el cable de carga sin riesgo para los peatones. Es una solución aprobada en más de 30 ciudades británicas, segura, discreta y eficaz. Sin embargo, York rechazó la petición alegando motivos de seguridad pública.
El resultado es absurdo, y es que mientras otras regiones permiten a los vecinos cargar su coche con su propia tarifa eléctrica, la administración de esta localidad obliga a depender de la red pública, la opción más cara y menos sostenible.
Cabe señalar que el gobierno británico ha reconocido el problema y prepara una reforma normativa para eliminar la necesidad de permisos urbanísticos en este tipo de instalaciones.
La medida permitiría tramitar la autorización con un simple formulario online, reduciendo tiempos, costes y burocracia. El objetivo es democratizar la carga doméstica y evitar que la falta de infraestructura frene los objetivos de emisiones cero.
El reto de democratizar el coche eléctrico
Este caso revela que el coche eléctrico no es igual de accesible para todos. Quienes viven en barrios sin garajes o con viviendas adosadas —justo los que más sufren la contaminación urbana— son los que más pagan por intentar ser sostenibles.
La transición energética no puede depender solo de subvenciones a la compra, se necesita una red de carga equitativa, una fiscalidad coherente y una planificación urbana adaptada. Mientras cargar el coche dependa del tipo de vivienda, el coche eléctrico seguirá siendo un símbolo de progreso reservado a las clases medias con garaje.
El Reino Unido tiene previsto alcanzar la neutralidad climática en 2050, pero sin un modelo de acceso justo, el coche eléctrico corre el riesgo de convertirse en una herramienta de desigualdad energética más que en una solución ambiental.
Kristian Lewin-Petrov no es un caso aislado, representa a millones de conductores que quieren sumarse al cambio, pero se encuentran con muros administrativos y costes desiguales.