Qué es el efecto canguro, el truco de frenar ante un radar que ya no funciona para evitar que te multen

Policía de la Guardia Civil y un radar de tramo
Policía de la Guardia Civil y un radar de tramoImagen generada con IA
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Los radares de tramo calculan la velocidad media del recorrido. Descubre por qué un frenazo puntual no garantiza evitar las multas de tráfico y qué implica para la seguridad vial.

Durante años han circulado todo tipo de trucos para intentar evitar las multas de tráfico. Algunos han sido simples mitos y otros se han basado en aprovechar cómo funcionaban determinados controles.  

Uno de los más extendidos es el llamado efecto canguro, donde el conductor circula por encima del límite, reduce bruscamente la velocidad cuando se acerca a un radar y vuelve a acelerar una vez que lo ha dejado atrás. 

Cabe señalar que este cambio repentino de ritmo es precisamente lo que da nombre al efecto canguro. El problema es que esta estrategia ya no resulta eficaz frente a los radares de tramo. 

Estos sistemas no se fijan solo en la velocidad a la que pasamos por una cámara, sino en la media mantenida durante varios kilómetros. Por ello, frenar unos segundos deja de servir si el resto del recorrido se ha hecho demasiado rápido.

El radar ya no está en un único punto

Radar remolque de la DGT
Radar remolque de la DGT

Es importante mencionar que un radar fijo tradicional controla la velocidad en una ubicación concreta. Por lo que, si el vehículo supera el límite justo cuando pasa por esa zona, puede quedar registrado.

Los radares de tramo funcionan de otra manera. Una cámara identifica la matrícula cuando el coche entra en el tramo controlado y otra hace lo mismo cuando sale. Ambas registran también la hora exacta de paso.

Con esa información, el sistema sabe cuánto ha tardado el coche en recorrer una distancia conocida y calcula su velocidad media. Si el resultado supera el límite permitido, puede iniciarse una multa.

Eso cambia por completo la lógica del efecto canguro, por lo que ya no sirve con reducir la velocidad cerca de la cámara. Lo importante es mantener un ritmo adecuado durante todo el recorrido vigilado.

Frenar de golpe también tiene inconvenientes

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Cabe mencionar que el efecto canguro no solo pierde utilidad frente a los controles de tramo, sino que también introduce cambios bruscos de velocidad en la circulación.

Una frenada inesperada puede reducir el margen de reacción de quien circula detrás y alterar la fluidez del tráfico, aunque la evidencia disponible no permite afirmar de forma categórica que este comportamiento provoque por sí solo más accidentes.

La diferencia importante está en cómo entendemos ahora un radar. Con los sistemas tradicionales, muchos conductores podían verlo como un punto concreto donde levantar el pie, pero con los controles de tramo, el radar deja de ser una cámara aislada y pasa a ser todo el recorrido.

Por eso el efecto canguro pierde sentido, ya que no importa tanto a qué velocidad pasamos frente al dispositivo, sino cómo hemos conducido durante los kilómetros que separan la entrada de la salida.

Los inconvenientes van más allá de la multa

El Reglamento General de Circulación exige, salvo peligro inminente, comprobar que una reducción de velocidad puede hacerse sin riesgo para otros conductores y evitar realizarla bruscamente.

Asimismo, alternar acelerones y frenazos perjudica el consumo, el confort y el desgaste mecánico. La DGT recomienda una conducción uniforme, adaptada a las circunstancias, para ahorrar combustible y reducir el mantenimiento.

La referencia al conducir debe seguir siendo lo que ocurre en la carretera. El tráfico, la visibilidad o el estado del firme pueden exigir circular por debajo del máximo autorizado. 

Por ello, anticiparse a esas circunstancias aporta una protección que ninguna maniobra pensada únicamente para pasar un control puede ofrecer.

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