Un estudio pone contra las cuerdas a Elon Musk y los coches autónomos, y advierte que serán una pesadilla para el tráfico

¿Y si la Tesla de Elon Musk no estuviese en lo cierto? Los especialistas consideran que los coches autónomos precisarían de restricciones muy específicas, en muchos sentidos.
Elon Musk lleva mucho tiempo defendiendo las bondades de los coches autónomos. Aunque este tipo de vehículos siguen sin materializarse (y parecen estar lejos de hacerlo), se supone que tendrán muchísimas ventajas. Evitarán accidentes, ahorrarán tiempo y, sobre todo, mejorarán el tráfico. Eso, al menos, es lo que dice Musk. Un reciente estudio apunta a todo lo contrario.
Según este, los coches autónomos podrían hacer que el tráfico se convierta en una auténtica pesadilla. Mucho peor que cuando se trata de conducción manual. Para argumentar su teoría, hablan de experiencias concretas, pero sobre todo de razonamientos que, si se ven con un poco de perspectiva, tienen bastante lógica.
Elon Musk se confunde: los coches autónomos crearán más tráfico

Básicamente, lo que dice este estudio llevado a cabo por la Universidad de Arlington (en Texas, Estados Unidos), es que Elon Musk está confundido. Los coches autónomos empeorarán el tráfico en lugar de mejorarlo. Y no se trata de intuiciones ni de corazonadas, sino de una investigación muy seria encabezada por profesores de ingeniería civil, nada menos.
Su primera conclusión es, de hecho, bastante obvia: los coches autónomos serán más cómodos, por lo que todo invita a pensar que se usarán más. Más uso será igual a más tráfico. Hay que tener en cuenta la gran cantidad de viajes "vacíos" que también se realizarán. Muchos coches yendo a buscar o a recoger a quien sea. Algo que hoy en día no es tan habitual ni siquiera en taxis y demás.
Ejemplos para entender esto los hay a montones. Sin ir más lejos, un coche autónomo puede, por ejemplo, dejarte en la puerta de casa y luego irse a aparcar lejos o a recoger a otra persona. También podría circular sin ocupantes para evitar pagar estacionamiento o para reposicionarse en zonas con mayor demanda. Esos casos se darían, dicen los expertos, y no serían puntuales en absoluto.
El estudio estima que, en conjunto, estos cambios podrían traducirse en un incremento cercano al 6% en la congestión del tráfico. Puede parecer una cifra modesta, pero en entornos urbanos ya saturados, ese porcentaje puede marcar la diferencia entre una circulación fluida y atascos constantes. Y nada hace pensar que esa cifra no fuese en aumento año tras año.
Los especialistas solo ven un remedio: regularización
Los autores del estudio insisten en que aún hay margen para actuar. Pero no convendría dormirse en los laureles. ¿Y qué es lo que proponen para adelantarse al caos? Pues medidas como limitar los trayectos sin pasajeros, incentivar el uso compartido o integrar los coches autónomos con el transporte público. Quizá no fuesen la solución definitiva al tráfico, pero podrían ayudar.
También se plantean soluciones como tarifas dinámicas por uso de la vía o restricciones en zonas urbanas densas. El objetivo sería evitar que la comodidad de los coches autónomos se termine por traducir en un uso excesivo e ineficiente del vehículo privado. De momento, eso está claro, es que este tipo de vehículos genera más dudas que certezas. En todos los sentidos.
