Linux no es para todo el mundo: cuándo deberías quedarte en Windows o macOS

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Si te has cansado de Windows o macOS y quieres usar otro sistema operativo, hay muchos ejemplos en los que pasar a Linux no es la mejor opción.

Desde hace prácticamente 20 años, siempre suele decirse que este será el año definitivo para que Linux se asiente como una opción para los usuarios que se han cansado de otros como Windows o macOS.

Y, aunque el crecimiento en la cuota de mercado de escritorio de Linux oscila entre el 3% y el 5%, según el mes en cuestión, continúa siendo un sistema operativo para unos pocos usuarios que buscan tener un control mayor que en sistemas propietarios.

La pregunta es evidente. Si Linux es un sistema totalmente personalizable, gratuito y con una seguridad desde el diseño muy importante, ¿por qué no cala entre todos los usuarios y conquista el mercado? Y la respuesta es sencilla: no es para todo el mundo.

Al igual que recomiendo habitualmente diferentes distros de Linux según características como su eficiencia, la adaptación para ordenadores antiguos o algunas otras para usuarios más profesionales, creo también que hay ciertas situaciones en las que no deberías dar el salto a Linux.

Se suele decir popularmente que "el hábito hace al monje", y los sistemas operativos funcionan de forma parecida; si te has acostumbrado a uno, es muy complicado cambiar de la noche a la mañana.

Por eso, incluso aunque muchos usuarios están cansados de la telemetría y la inteligencia artificial en sistemas como Windows, la facilidad o la costumbre continúan siendo valores fundamentales que hacen del de Microsoft el más usado en entornos de escritorio.

La curva de aprendizaje y el uso de aplicaciones corporativas

Para el usuario medio, si algo se estropea en Windows, por ejemplo, como el controlador de sonido o cualquier otro, ya sabe dónde tiene que dirigirse para comprobar las actualizaciones que han dado error.

En el caso de Linux, es cierto que muchas distros ofrecen una interfaz gráfica muy pulida –e incluso casi idéntica a la de Windows–, pero los cambios, por mínimos que parezcan, requieren de cierto conocimiento de la terminal y otros aspectos, que ya suponen invertir algo más de tiempo en el aprendizaje.

Muchos usuarios prefieren una interfaz práctica que ya conozcan en lugar de enfrentarse a nuevos términos que requieren de un aprendizaje constante, algo que por el hábito no ocurre con el de Microsoft.

Aunque esto podría darse perfectamente también si un usuario decide cambiar desde Windows a macOS, o viceversa. Cada sistema operativo es único, y en Linux se une además toda la filosofía detrás del código abierto, un mundo que puede abrumar al principio.

En este punto entran también en juego las aplicaciones propietarias que no están en Linux. Por ejemplo, si eres diseñador gráfico, editas vídeo o fotografía y utilizas Adobe Creative Cloud –Photoshop, Illustrator, Premiere o After Effects–, Linux no es para nada recomendable.

Aquí encontrarás aplicaciones de código abierto, como GIMP, Inkscape o Kdenlive, que no son malas herramientas, pero no cuentan con las funcionalidades que sí ofrece Adobe. Para presupuestos más humildes, no son malas, pero para grandes proyectos, Adobe continúa siendo imparable.

Con una sola excepción, como es DaVinci Resolve, que sí se ofrece de forma nativa en algunas distros de Linux. Aunque continúa teniendo algunas limitaciones en otras distros, ya que necesitarás configurarla correctamente para que no dé errores su instalación, además de que es necesario contar con tarjetas gráficas dedicadas –de Nvidia en la mayoría de los casos– y encontrarás problemas de licencias en algunos códecs de audio.

Y lo mismo ocurre con la suite ofimática de Microsoft. Es cierto que alguien que solo quiera escribir puede usar Google Docs o Microsoft 365 en el navegador, pero si necesitas realizar presentaciones con diapositivas o informes más detallados, tendrías que usar alternativas como LibreOffice.

Y en algunos casos, puedes acabar perdiendo el formato y que toda la presentación o ciertos elementos se desajusten al trasladarlos a Windows.

Cuándo deberías quedarte en Windows o macOS

Hilando con esto mismo, en primer lugar, deberías quedarte en Windows –o realizar una partición de disco con Linux– si trabajas o estudias con algún tipo de software de gestión interno, así como aplicaciones que necesites tener en tu ordenador de forma obligatoria.

De lo contrario, te enfrentarás a los problemas ya mencionados. En este mismo aspecto, Windows continúa siendo el rey indiscutible para los amantes de los videojuegos en PC, ya que no tienes que andar revisando requisitos de compatibilidad para cada juego.

Puedes jugar ya en Linux a títulos como GTA V, Baldur's Gate 3 y otros del estilo, gracias a Proton, pero no vas a poder ejecutar videojuegos que requieran cambios importantes en el núcleo.

En esta se incluyen videojuegos como Valorant, Fortnite, League of Legends o Call of Duty, ya que requieren obligatoriamente que descargues el anti-cheat, un servicio que controla a nivel de núcleo tu PC para no hacer trampa. Y eso va directamente contra la esencia de Linux; por tanto, son títulos que probablemente nunca llegarán.

Y si utilizas periféricos avanzados para realidad virtual o sillas gaming que requieran de software propietario, en Linux no encontrarás seguramente estos servicios, así que lo mejor es quedarse en Windows.

Por su parte, el ecosistema de Apple es totalmente diferente, y los motivos para quedarte también. Comenzando desde la facilidad que la compañía de la manzana ofrece en macOS si utilizas dispositivos de la misma familia.

Si es tu caso, no des el salto a Linux, ya que notarás que el cambio es brutal y acabarás decepcionándote por completo –aquí Apple juega con ventaja respecto a Microsoft–.

Además, para los desarrolladores de iOS o macOS, si cambian este sistema se encontrarán con la imposibilidad de acceder a Xcode, vital para poder desarrollar apps nativas en su ecosistema, y no disponible en Linux.

Por último, para los usuarios de macOS que estén dudando, lo mejor es pensar también si se está aprovechando la potencia que ofrecen los chips de Apple, a nivel de eficiencia y gestión de la batería, así como todo lo que permiten a nivel de producción.

En definitiva, en Windows y macOS pagas por la comodidad y para disfrutar de un sistema sin complicaciones, mientras que Linux permite un control mucho mayor y menos restrictivo. La decisión es tuya y solo tuya.