Los motivos por los que Linux aún no gana en los PC que usamos

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Independientemente de que existan ya distros de Linux accesibles para todos los usuarios, este continúa estando por debajo en los ordenadores que usa todo el mundo.

Windows es sin duda alguna el sistema operativo favorito para la mayor parte del mercado de consumidores, aunque desde sus inicios Linux ha sido capaz de comerse paulatinamente una parte del pastel.

En su caso, con una cuota de mercado que oscila entre el 4% y el 5%, según las fuentes que se revisen, mas aún con un problema considerable para acercarse al usuario medio.

Es cierto que Linux domina prácticamente todo el mercado en servidores y superordenadores, pero entre la gente común, la que usa un ordenador de sobremesa, aún se resiste a ser el más utilizado.

Esto no solo se debe a que su aspecto sea diferente a lo que se encuentra en el entorno de Microsoft o Apple, sino también a una curva de aprendizaje algo más elevada que en estos, así como más aspectos que tener que gestionar.

Uno de los mayores problemas para Linux, independientemente del aspecto y la personalización de cada distribución, ha sido el de acercarse a un usuario acostumbrado al software propietario.

Y en eso Apple y Microsoft han marcado el camino actual del mercado, con aplicaciones restringidas que ofrecen paquetes con suscripción para no salir nunca del mismo ecosistema. Aunque es algo que Linux supera en cualquier distro, puede ser una gran barrera para quienes usan estas herramientas propietarias.

No compras un sistema operativo, compras un dispositivo

Según Statcounter, una de las fuentes que mide la cuota de mercado según el sistema operativo, hay un amplio 20% aproximadamente de usuarios que pertenecen a la categoría de "desconocido", algo que puede deberse a que usan Linux, pero con alguna distro especializada en el anonimato y la privacidad.

Incluso con una configuración avanzada en el navegador –más allá de los más utilizados, como Safari, Chrome, Edge, etc.– esto sería posible, ya que lo que un usuario especializado busca es la seguridad desde el diseño, por lo que aplicará una política restrictiva al principio, para no revelar su fecha horaria, navegador o sistema operativo usado.

Pero más allá de esto hay un problema que Linux no consigue quitarse de encima, como es la percepción de los usuarios: cualquiera que compra un ordenador se fija siempre en las especificaciones, aunque es más difícil revisar qué sistema operativo llega con él.

Por ejemplo, si un usuario al que le gusta Apple se acerca a una tienda para comprar un nuevo portátil, no pedirá un macOS, sino que pedirá un Mac; y lo mismo pasa en Windows, pero no con Linux.

Quienes buscan un portátil u ordenador de sobremesa con Linux instalado de fábrica suelen ser programadores que tengan muy claro que lo van a aprovechar o, en todo caso, usuarios más especializados en tareas de ciberseguridad, servidores, inteligencia artificial, etc.

Hay que tener también en cuenta que muchos grandes de la industria mantienen contratos con Microsoft, tanto en licencias como en el portfolio, por lo que es bastante común encontrar los ordenadores con Linux entre las secciones específicas para programadores, como ocurre con Dell.

La gran fragmentación y el entorno cerrado de otros sistemas

Una de las grandes críticas de Linus Torvalds, el creador de Linux, se ha referido al propio boicot que el mundo del software libre ha permitido indirectamente, al fragmentar todo el ecosistema y no permitir una estandarización propiamente dicha.

Aunque Torvalds tiene parte de razón, gran parte de la comunidad relacionada con el software libre ha advertido de que esta es precisamente la gran ventaja de Linux respecto a otros sistemas propietarios.

En definitiva, que cualquiera pueda usar su propia distro sin tener ningún tipo de problema, además de que pueda experimentar con el código, modificarlo, editarlo y compartirlo, sin que nadie le pida una tasa a cambio.

Para competir contra este crecimiento sostenido, pero lento, de Linux, compañías como Microsoft se han encerrado en sus propias aplicaciones restrictivas, con código cerrado, incluso dejando a grandes de la edición como Adobe fuera de la ecuación de Linux.

Sea como sea, para los desarrolladores, compilar en Linux puede ser una gran odisea por la gran diversidad de entornos de escritorio, servidores gráficos o formatos de paquetes, pero a largo plazo es una herramienta indispensable, incluso cuando Windows lo pone más fácil con su sistema cerrado.

Bloqueos en muchos juegos que usan anti-cheat

En las últimas semanas, Epic Games anunció que estaba buscando soporte para que el anti-cheat, la herramienta que usan a nivel de núcleo diferentes juegos –Legaue of Legends, Fortnite, Rocket League, etc.– pueda impulsar su desarrollo en Linux.

Si bien es cierto que muchos de estos títulos se pueden jugar en Linux, ya sea en distros especializadas o con aplicaciones específicas, muchos usuarios le han echado en cara a este sistema que no permita jugar a este tipo de juegos.

Ahora bien, tiene bastante sentido si se tiene en cuenta que los cambios a nivel de núcleo en Linux recaen totalmente sobre la decisión del administrador, el usuario que esté utilizando el PC, por lo que es una medida de seguridad y privacidad.

A esto hay que sumar que muchas distros ya ofrecen prácticamente todo desde una interfaz gráfica muy pulida, en muchos casos imitando el entorno de Windows o Apple, pero si ocurre un error con difícil solución, el usuario tendrá que navegar por la terminal.

Aunque sea una herramienta indispensable para usuarios avanzados, es algo que aún se resiste para el consumidor que solo quiere tener un ordenador que no le dé problemas. Y, si falla algún juego, pelearse con la actualización de un controlador desde la terminal puede ser una gran barrera.

En definitiva, aunque casi todas las distros de Linux son gratuitas, ofrecen mayor personalización y capacidad para tener el control, los usuarios aún siguen prefiriendo Windows y macOS por lo más evidente: la comodidad tiene precio y Linux aún no está en la lista de posibles.

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