Steve Ballmer, antiguo CEO de Microsoft, sobre Linux: "Es un cáncer que se adhiere, en términos de propiedad intelectual, a todo lo que toca"

Microsoft se centró en defender Windows en lugar de desarrollar productos independientes del sistema operativo. Con el tiempo, limitó su capacidad para competir en nuevos mercados.
Hoy resulta completamente normal que una empresa utilice servidores con Linux, desarrolle aplicaciones compatibles con distintos sistemas operativos o contribuya a proyectos de código abierto.
Incluso Microsoft ofrece herramientas y servicios que funcionan sobre este sistema creado por Linus Torvalds. Sin embargo, a comienzos de los años 2000, el panorama era muy distinto.
La compañía veía el sistema operativo del pingüino como uno de sus mayores competidores y llegó a tener algunos de los enfrentamientos más recordados de la industria tecnológica.
Uno de ellos lo protagonizó Steve Ballmer. En 2001, cuando era director ejecutivo de Microsoft, describió Linux como “un cáncer que se adhiere, en términos de propiedad intelectual, a todo lo que toca”.
Aquellas palabras levantaron una enorme polémica y, con el paso de los años, terminaron convirtiéndose en uno de los ejemplos más claros de cómo puede cambiar la estrategia de una empresa tecnológica.
La frase de Ballmer reflejaba el temor de Microsoft al avance del software libre

Cuando Steve Ballmer pronunció esa declaración, no estaba criticando el funcionamiento técnico de Linux ni cuestionando su calidad como sistema operativo.
Su preocupación se centraba en el modelo de licencias del software libre, especialmente en la licencia GPL, que obliga a mantener determinadas condiciones cuando se distribuyen trabajos derivados.
En aquel momento, Microsoft basaba gran parte de su negocio en la venta de software propietario. Desde esa perspectiva, la expansión de Linux suponía una amenaza para un modelo que había convertido a Windows en el sistema operativo dominante en los ordenadores personales.
Aquella comparación con un “cáncer” fue muy criticada porque transmitía una imagen extremadamente negativa de Linux y alimentó el enfrentamiento entre Microsoft y la comunidad del código abierto.
Durante aquellos años, la compañía dedicó muchos esfuerzos a defender Windows frente al crecimiento del sistema de Torvalds. Esa estrategia tenía sentido desde el punto de vista comercial, pero también hizo que la compañía de Bill Gates tardara más en reconocer un cambio que ya se estaba produciendo.
Y es que cada vez más empresas comenzaban a utilizar Linux en sus servidores por motivos como su estabilidad, su flexibilidad, así como el amplio ecosistema de herramientas disponible.
El mercado estaba evolucionando y muchas organizaciones ya no querían depender exclusivamente de Windows Server para ejecutar sus infraestructuras.
Con el tiempo quedó claro que intentar frenar ese avance había sido una estrategia equivocada. Más que combatir Linux, Microsoft necesitaba adaptarse a una realidad que cada vez era más evidente.
Microsoft pasó de enfrentarse a Linux a aprender a convivir con él

La transformación comenzó años después y se consolidó con la llegada de Satya Nadella a la dirección de Microsoft, donde la empresa empezó a colaborar con proyectos de código abierto y a desarrollar productos compatibles con Linux porque entendió que era lo que demandaban muchos de sus clientes.
No obstante, eso no significa que ambas tecnologías se hayan convertido en grandes aliadas, sino que a día de hoy Windows y Linux siguen compitiendo en distintos ámbitos.
Sin embargo, Microsoft asumió que millones de empresas utilizan Linux en sus centros de datos y que ofrecer servicios compatibles con ese sistema operativo era mucho más inteligente que seguir tratándolo como un enemigo.
La historia de aquella frase demuestra hasta qué punto puede cambiar la industria tecnológica. Lo que en 2001 se veía como una amenaza terminó convirtiéndose en una tecnología imprescindible para buena parte de Internet y de la infraestructura empresarial.
También sirve para recordar que, en un sector donde todo evoluciona con rapidez, aferrarse a una única estrategia puede ser un error mucho mayor que aceptar que el mercado ha cambiado.
