Expertos advierten a Sam Altman sobre la "libertad" de la IA: el problema es la censura, no el sesgo

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Sam Altman ha asegurado que, además de ser bueno en código y seguimiento de instrucciones, GPT-4o también está relacionado con la "libertad". Una afirmación que no todos los expertos comparten.

El modelo GPT-4o de OpenAI se lanzó hace aproximadamente un año y, desde entonces, no ha hecho más que desatar su potencial, con una visión clara: que ChatGPT pueda reconocer diferentes entradas, tanto audio como texto o imágenes.

Para Sam Altman, fundador de la compañía de inteligencia artificial, este modelo es especialmente bueno en varios ámbitos concretos, pero sorprendentemente también es libre. Así lo ha expresado en su cuenta de X.

"La nueva versión de GPT-4o es particularmente buena para código, seguimiento de instrucciones y libertad", ha expresado Sam Altman, CEO de OpenAI, en su perfil de X, antes Twitter.

Sin embargo, los expertos no creen que la inteligencia artificial generativa favorezca la libertad, sino todo lo contrario, como demuestra el informe El poder represivo de la inteligencia artificial, de Freedom House.

Según sus conclusiones, en 2023 la libertad global en Internet continuó descendiendo tras 13 años consecutivos de caídas, mayormente por el cierre de servicios como WhatsApp en Irán o el bloqueo de sitios de noticias en Filipinas por el presidente Rodrigo Duterte.

Más allá de este tipo de gobiernos autoritarios y su persecución de la libertad en Internet, el mismo informe destaca que la desinformación ha crecido con la IA generativa, incluso pudiendo rastrear datos masivos para perseguir a activistas y diferentes colectivos sociales.

"La IA puede ser potencialmente dañina, pero también puede desempeñar un papel protector si la comunidad democrática aprende las lecciones correctas de la última década de regulación de Internet", añade Freedom House.

En este sentido, a pesar de la "libertad" mencionada por Altman, parece que este tipo de tecnologías favorecen el extremo opuesto: la desinformación y la utilización de este tipo de tecnologías para promover campañas de uno u otro tipo a nivel político.

Así, es sabido que ChatGPT, por ejemplo, al igual que otros modelos, cuentan con restricciones propias impuestas por la empresa, ya sea para no favorecer los discursos de odio o para no revelar secretos importantes sobre su desarrollo.

Por poner un símil, es algo parecido a la moderación llevada a cabo por las diferentes plataformas sociales, lo que responderá a la regulación de cada lugar, además de a los términos del servicio, que se adaptan a la normativa de cada región.

Sea como sea, estos modelos de IA funcionan en la práctica como las redes sociales, así que se rigen por las mismas leyes; en cualquier caso, ChatGPT no es libre desde el momento en el que tiene unas limitaciones en su código o puede favorecer discursos que lleven a la desinformación.

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