Expertos aseguran que la IA puede crear un futuro energético más limpio, pero no todo el mundo está de acuerdo

Al igual que sucede con el empleo o la seguridad, las expectativas puestas en esta tecnología en materia medioambiental dividen por completo a los especialistas.
¿Puede la inteligencia artificial crear un futuro energético más limpio y sostenible? Así de primeras, la respuesta parece negativa. Al fin y al cabo, muchos expertos llevan tiempo advirtiendo del enorme consumo que esta popular tecnología tiene detrás. En el futuro, además, todo indica que sus centros de datos tendrían que crecer de forma proporcional a sus posibilidades.
Pero lo cierto es que, como suele suceder con todo lo que rodea a la IA, tampoco la cuestión energética está del todo clara. Ahora, especialistas hablan precisamente de todo lo contrario: podría marcar un antes y un después a la hora de acelerar una transición hacia sistemas más limpios. ¿Quién tiene la razón y qué es lo que puede esperarse en unos cuantos años?
La IA, una apuesta por la energía más limpia
Los últimos en imaginar los beneficios de la IA han sido, nada más y nada menos, que los expertos del célebre MIT norteamericano. Según un nuevo artículo publicado por ellos, existen numerosas razones para confiar en que la inteligencia artificial mejorará el consumo energético. Sus argumentos están ahí y, al menos en la teoría, suenen bastantes convincentes.
Consideran que con ella será posible optimizar redes eléctricas complejas, haciendo así que no se malgaste nada, mejorar el consumo o incluso potenciar alternativas emergentes como la fusión nuclear. Por no descartar, ni siquiera se descarta que la IA sea capaz de diseñar nuevos materiales de algún tipo. Todo ello contribuiría a que el futuro fuese más ecológico.
En cierta medida, es algo que ya sucede. Herramientas de aprendizaje automático ya están logrando predecir la demanda con una gran precisión, detectar fallos antes de que ocurran y equilibrar la aportación de energías renovables, tan variables como la solar o la eólica. O lo que es lo mismo, se consigue integrar una mayor cantidad de lo que los especialistas llaman "energía limpia".
Sin olvidar tampoco otro aspecto que desde el MIT consideran fundamental: detectar patrones químicos y físicos imposibles de identificar a simple vista y sugerir nuevas combinaciones de materiales avanzados. En varios laboratorios, dicen, ya se emplean robots que experimentan de forma continua, y que están guiados en todo momento por modelos de IA, claro.
Una apuesta con la que no todo el mundo está de acuerdo
Sin embargo, y a pesar de estas iniciativas tan emocionantes, la IA tiene en esta cuestión el mismo problema que en muchas otra: el futuro suena bien, pero el presente no tanto. No es ningún secreto que una sola imagen producida por algunos modelos consume tanta energía como cargar un teléfono móvil varias veces. Si le sumas que millones de personas lo hacen cada día…
Algunos informes, además, apuntan a que los centros de datos para la IA que se harán en la próxima década demandarán tanta energía como un país no muy grande. Así que la cuestión es compleja: ¿es o no la IA algo bueno para el medio ambiente? Como pasa con tantas otras cosas, es complicado saberlo. Al menos, hoy por hoy.
