De guardianes a astronautas, así son los perros robot que ya están siendo aprovechados

Au-Spot perro robot lunar de la NASA
Au-Spot perro robot lunar de la NASANASA/JPL-Caltech
Reportaje
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China y Estados Unidos ya prueban sus perros robot para aventurarse a la exploración espacial, dejando atrás una época marcado por el trabajo de los vehículos rover.

Lejos ha quedado ya la imagen de esos robots cuadrúpedos que presentaban caídas absurdas, como ocurre todavía con muchos de los modelos de robots humanoides, que no son capaces de bailar o realizar tareas sencillas, al menos en los numerosos vídeos que pueblan las redes sociales.

En el caso de los "perros" artificiales –por su similitud casi idéntica a estos seres vivos–, el avance ha sido espectacular durante las últimas décadas, y agencias como CNSA de China o la NASA de Estados Unidos ya han planteado que serán los responsables de explorar el territorio lunar y de Marte.

Todo comenzó en los años 80 gracias a la visión imprescindible de Marc Raibert, un profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), responsable de la fundación del Leg Laboratory, especializado en el estudio del equilibro dinámico mediante sistemas de salto y cuadrúpedos primitivos.

En aquel entonces, la robótica pensada para la movilidad dependía exclusivamente de ruedas o de un equilibrio estático; es decir, que el centro de gravedad del robot tenía que mantenerse siempre dentro del dibujo de la huella de sus patas.

Pero Raibert demostró en su laboratorio que este tipo de robots podían actuar prácticamente como los animales, redistribuyendo el peso del impulso, por lo que en 1992 fundó Boston Dynamics como casi un brazo de lo aprendido en el MIT.

Habría que esperar 12 años más para que se presentara el modelo BigDog, financiado por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa de Estados Unidos (DARPA), un invento dirigido aún al transporte en terrenos difíciles para los marines estadounidenses.

Aquellos eran muy ruidosos, pero ahora son los vigilantes perfectos

Ese prototipo destinado al ejército de Estados Unidos tenía un gran problema: su motor de combustión interna de 2 tiempo, con un sistema hidráulico extremadamente complejo, era más ruidoso que una cortadora de césped industrial.

Y, lógicamente, eso no servía para misiones tácticas en las que el silencio y el sigilo son indispensables para su éxito. Durante la década de 2010, estos accionadores hidráulicos fueron reemplazados por actuadores eléctricos que reducían casi al mínimo el ruido de los robots.

Así, en 2016, se lanzó Spot –conocido originalmente como SpotExplorer–, que ya introducía baterías de litio y motores eléctricos, mientras que en Europa el laboratorio de Robotic Systems presentaba algo parecido con el robot ANYmal.

ANYmal ANYbotics
ANYmal ANYboticsANYbotics

Al otro lado del mundo, en Asia, las compañías que desarrollaban robots cuadrúpedos no paraban de crecer, con nombre como Unitre Robotics o Deep Robotics, lo que supuso un abaratamiento de los costes de producción que antes no había ocurrido. Con ello, la democratización en el acceso para diferentes organizaciones ya estaba sobre la mesa.

Ante el avance de décadas y décadas de investigación, además del desarrollo hacia una tecnología electrificada, estos perros robots han conseguido ser los guardianes perfectos de numerosos centros de datos, patrullando todo el perímetro para la inspección técnica.

En algunos de los pasillos más hostiles de estos centros de datos las temperaturas pueden alcanzar un umbral que es peligroso para los seres humanos, con lo cual este tipo de tecnología puede garantizar revisar cualquier error que se dé, sin poner en peligro a los trabajadores.

Aquí hay que entender que no suplen a los trabajadores humanos, ya que el mantenimiento y la observación recae sobre estos últimos, pero sí pueden asegurar que un centro de datos se pare de repente por la temperatura o por algún fallo técnico. Una previsión que cuesta entre 15.000 y 150.000 euros –dependiendo del modelo–, pero que es mucho más rentable que parar un centro de este tipo durante una hora.

A la conquista de la Luna y Marte

Un recorrido sobre 4 patas es muchísimo más fiable que un recorrido sobre 4 ruedas. Actualmente, en las misiones lunares y marcianas se utilizan los conocidos como rovers, esos vehículos sobre ruedas que recorren la superficie estudiando los materiales, como los populares Curiosity y Perseverance de la NASA.

Estos tienen muchísimas limitaciones para "caminar" sobre terrenos de regresión volcánica, además de pendientes pronunciadas con regolito suelto o acceder a cavernas subterráneas, lo que puede complicar una misión planificada durante décadas y con miles y miles de millones de inversión.

Por ello, China tiene a estos perros robot como uno de los ejes vertebradores de su Estación Internacional de Investigación Lunar –ILRS por sus siglas en inglés–, que podría estar operativa para 2030. Según la Academia China de Tecnología y del Espacio (CAST), la idea es que haya un operativo de 3 astronautas que tomen las decisiones, pero con un equipo de 2 perros robot autónomos.

Simulación perro robot China misión lunar
Simulación perro robot China misión lunarSouth China Morning Post

Estos se encargarían de inspeccionar tubos de lava, extraer hielo y muestras, además de reconocer todo el terreno. En primer lugar, podrían analizar la composición mineral del terreno, sin necesidad de tener que regresar al módulo habitable para entregar las muestras.

En segundo lugar, podrían realizar una búsqueda directa de agua y hielo, sobre todo en el Polo Sur de la Luna, el objetivo directo de las misiones chinas Chang'e-7 y Chang'e-8, donde las temperaturas pueden llegar a caer por debajo de los 200 grados centígrados.

Y, finalmente, esta pareja de perros robotizados podrían ayudar a desplegar sensores, al transporte de instrumental científicos y en reconstrucciones de la base mediante la impresión 3D a partir de regolito.

Al otro lado del planeta Tierra, Estados Unidos también cuenta con el Au-Spot, aunque en este caso el objetivo principal es la exploración de los túneles volcánicos de la Luna y Marte, zonas en las que los futuros –aún lejanos– colonos humanos podrían protegerse de la radiación cósmica o de las fluctuaciones extremas de la temperatura en la superficie.

Son muy parecidos entre sí, aunque el ejemplo chino está más orientado a la investigación, mientras que el estadounidense se centra en estos túneles volcánicos primordiales. Pero en cualquier caso, ambos suponen un nuevo paso para que la humanidad pueda asentarse y comprender mejor este tipo de terrenos, finalizando la época de los rovers.

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