Las guerras no son deseables, pero son un campo de pruebas para nueva tecnología

Drones
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Muchas de las cosas que usamos habitualmente en el día a día se han creado durante las guerras, también durante las más recientes.

Si miras a tu alrededor, seguramente podrías enumerar hasta 5 objetos que funcionan con algún tipo de tecnología creada durante diferentes guerras.

Incluso simplemente el mismo medio que permite que podamos estar siempre conectados, Internet, nació de la necesidad de crear un sistema que resistiera un desastre nuclear en plena Guerra Fría.

En otros terrenos que no tienen nada que ver con la tecnología, como la alimentación, también se lograron avances impensables para la época, como ocurrió con las conservas, el invento del cocinero francés Nicolás Appert para que el ejército de Napoleón aguantara meses fuera de casa.

Durante la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que murieron millones y millones de personas, muchos también pudieron salvarse gracias a la producción en masa de la penicilina, gracias a Estados Unidos.

A pesar de que había sido descubierta casi 15 años atrás por Alexander Fleming, la Segunda Guerra Mundial supuso la llegada masiva de la penicilina, con la reducción del número de bajas totales.

Y, en el ámbito tecnológico, se cuentan por decenas los inventos que han aparecido en contextos bélicos y que, afortunadamente, han ofrecido ventajas más allá de los ataques militares.

Más de 100 años de pruebas en el campo de batalla

El GPS –sistema de posicionamiento global– quizá sea la invención más utilizada a día de hoy para un contexto militar, en aquel entonces desarrollada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos en el marco de la Guerra Fría.

En la actualidad, prácticamente todos los servicios necesitan de la ubicación en Google Maps y otras aplicaciones de mapas, algo disponible en cualquier dispositivo de consumo, incluido el móvil inteligente más básico.

Aunque si nos referimos a la guerra abierta como tal, durante la Primera Guerra Mundial, destacaron los primeros drones, dedicados a fotografiar al enemigo o a lanzar explosivos mediante control remoto.

Aquellos, hace ya un siglo, eran muy rudimentarios y se basaban mayormente en la mecánica; no obstante, los drones son ahora una de las mayores preocupaciones en territorio de guerra, llegando a provocar estrés postraumático en soldados.

Como ha ocurrido con varios militares del ejército ucranio: la región lleva ya varios años siendo el campo de pruebas para todos los avances logrados en el ámbito de los drones, desde la vigilancia y espionaje hasta los kamikaze, como los iraníes Shahed, que usa Rusia.

Solo en la última década, si se tienen en cuenta todas las guerras y localizaciones, el desarrollo tecnológico ha sido impresionante, también en el ámbito de las conexiones, como ha pasado con el internet satelital de Starlink, ya probado fielmente en todas las zonas de guerra activa.

Así como en lo que tiene que ver con la inteligencia artificial para ubicar y localizar diferentes objetivos militares, con el peligro de que este tipo de tecnología tenga sesgos y cometa errores, algo que ya ha ocurrido con el sistema Habsora de Israel.

Sea como sea, estas mismas tecnologías que se dedican a destruir al "enemigo", acaban llegando –y ya están presentes– a las manos de la sociedad, con mejores usos, por supuesto, que hacer la guerra.