Nicolás Maduro promete fabricar "los famosos chips de Nvidia"… mientras enseña una placa de los 90 de un Macintosh

Nicolás Maduro vuelve a protagonizar uno de esos momentos que se viralizan en segundos. Ahora parece que quiere convertir Venezuela en el mejor amigo de Nvidia y sus chips de IA.
Maduro no da puntada sin hilo y en un acto público, el presidente de Venezuela, aseguró que su país empezará a fabricar "los famosos chips de Nvidia".
Como ya es costumbre en él, su forma de expresarlo ha sido con mucha fuerza, mirando a cámara y, tristemente para su reputación, una vez más, sosteniendo una placa electrónica como prueba de que el plan va en serio.
El problema es que expertos y usuarios en redes identificaron rápidamente lo que mostraba como una placa de los años 90, muy probablemente de un antiguo Macintosh.
La frase exacta que lanzó fue la siguiente: "Haremos los famosos microchips de Nvidia, para envidia de los envidiosos".
Prometer chips de Nvidia es fácil, fabricarlos es otra historia
Como ya te podrás imaginar, fabricar microchips tan tops como los que promete, aunque todos tienen su complejidad, no es algo que se pueda decir a la ligera. No es de extrañar que esto haya provocado risa más que otra cosa.
Hoy en día, solo unas pocas empresas en el mundo como TSMC, Samsung o Intel pueden hacerlo al nivel que exige Nvidia. Y no es solo cuestión de dinero, aunque el dinero ya es un muro enorme y, tristemente para este país, infranqueable.
Los expertos calculan que crear desde cero una fábrica de chips de última generación cuesta, como mínimo, unos 17.000 millones de euros. Y eso solo para empezar. A partir de ahí hacen falta máquinas que casi ni existen, materiales muy específicos, una cadena de suministro global y, sobre todo, ingenieros muy específicos.
Nada de eso se consigue de la noche a la mañana. De hecho, incluso países ricos y con gran recorrido llevan años intentando ponerse al día y dar ese salto que Maduro busca de la noche a la mañana.
La Unión Europea, por ejemplo, ha anunciado inversiones de más de 85.000 millones de euros para no quedarse atrás en la carrera de los semiconductores. Estados Unidos ha aprobado ayudas millonarias para atraer fábricas a su territorio. Y aun así, se puede afirmar que la UE está bastante por detrás.
Teniendo en cuenta todo esto, que Venezuela pueda competir con Nvidia no es solo improbable: hoy por hoy, es directamente irreal y una tomadura de pelo para los habitantes del país que dirige.
El pasado tecnológico de Venezuela dice mucho de cómo están las cosas allí
Para entender por qué todas estas palabras suenan tan fuera de lugar, no está de más echar la vista atrás. Lo cierto es que Venezuela sí ha hecho inversiones tecnológicas importantes en el pasado, pero siempre muy lejos de la industria de los chips.
Un ejemplo es el satélite Miranda, lanzado en 2012 con ayuda de China, que costó unos 119 millones de euros. También está la nacionalización de CANTV, la antigua Telefónica venezolana, que supuso más de 1.400 millones de euros en total. Son cifras grandes, sí, pero juegan en otra liga.
Otro caso es el programa Canaima Educativo, con el que se repartieron cientos de miles de portátiles a estudiantes para fomentar la alfabetización digital. Aquella iniciativa costó alrededor de 68 millones de euros.
Incluso Telefónica llegó a anunciar inversiones para desplegar 4G y preparar el 5G en el país, aunque operar en Venezuela siempre ha sido muy complicado por la inseguridad jurídica y los problemas económicos.
Teniendo en cuenta todo este gasto invertido en algo que, en cierta parte, parece casi como tirar el dinero, lo de Nvidia y su idea queda bastante lejos de la realidad.
Es por eso que muchos opinan que todo esto se usa más como propaganda que otra cosa. Hablar de microchips, inteligencia artificial o computación cuántica suena poderoso, de ahí que Maduro quiera pertenecer al discurso. Pero eso no significa que exista una base real detrás.
Lo peor de todo es que todo esto genera una falsa expectativa en la población y, por supuesto, desvían la atención de problemas mucho más urgentes, como la educación, la infraestructura básica o la estabilidad económica y lo llevan directamente a cosas tan absurdas como esta.


